Pasivos ambientales, el daño ambiental de las empresas

Un interesante término utilizado para referirse a los daños ambientales generados a lo largo del tiempo por las actividades de una empresa (lo que se conoce como costes sociales externos) es el de «pasivos ambientales». Un pasivo empresarial es una deuda u obligación que tiene una empresa. La expresión o pasivo ambiental» remite directamente a la idea de que las empresas son responsables de los daños ambientales que generan y de que se les puede reclamar la deuda contraída, lo que a veces se conoce como «deuda ecológica». El peso político de esta argumentación va más allá del reconocimiento legal de esta deuda, un tema abierto y variable que depende del contexto legal de cada país y el momento histórico y de la capacidad de plantear demandas judiciales y de las empresas de oponerse a ellas. La valoración de los pasivos ambientales es también, por supuesto, una cuestión abierta que implica conflictos de intereses. Un ejemplo destacado es la sentencia dictada en Ecuador, en 2011, después de un prolongado proceso judicial, en la que se condenó a la multinacional estadounidense ChevronTexaco a pagar una indemnización de 9.500 millones de dólares (que sería el doble si la compañía no se disculpaba públicamente en pocos días, aunque esta penalización fue anulada posteriormente). La sanción estuvo motivada por los daños causados a la salud y al medio ambiente durante las décadas en que la compañía actuó en el país extrayendo petróleo hasta 1992.Tras la sentencia siguió una larga etapa de recursos judiciales de la empresa.

LA RENTA NACIONAL PER CÁPITA Y LAS DESIGUALDADES

Es habitual utilizar la Renta Nacional per cápita de un país como indicador de su bienestar económico. La Renta Nacional de un país coincide con el PIN excepto en una cuestión: este incluye todas las rentas (ingresos) generadas dentro de las fronteras de un territorio una vez descontadas las depreciaciones, mientras que la Renta Nacional toma como referencia la residencia de los que obtienen las rentas. Si una persona residente en España trabaja temporalmente en Francia sin cambiar su residencia, las rentas que recibe formarán parte del Producto Interior de Francia, pero no de la Renta Nacional de ese país, sino de la de España. Y los beneficios netos de una empresa de Estados Unidos que opera en Irlanda serán parte de la Renta Nacional de Estados Unidos, pero no de su PIN, porque se generan fuera. Como la mayoría de las rentas de los residentes en un país se obtienen trabajando o invirtiendo en su territorio, las diferencias cuantitativas entre el PIN y la Renta Nacional no suelen ser importantes, pero en algunos casos sí son significativas.

Cuando se comparan países según sus niveles de renta per cápita, hay que solucionar el problema de comparar economías que funcionan con distintas monedas y cuyos niveles de precios son diferentes. Esto se hace aplicando un concepto que se denomina «paridad de poder adquisitivo». Si, por ejemplo, se dice que la renta per cápita anual de la India en paridad de poder adquisitivo es de 5.500 dólares de Estados Unidos, lo que se quiere indicar es que se ha estimado que con la renta media de este país se puede comprar lo mismo que en Estados Unidos valdría 5.500 dólares. Pero, más allá de problemas técnicos de unidades de comparación, el uso de la Renta Nacional per cápita como medida de bienestar se enfrenta a importantes objeciones.

La crítica más común es que el nivel de renta per cápita nada dice sobre la distribución. Un elevado nivel de renta per cápita puede ser compatible con grandes bolsas de pobreza. La renta media de una economía puede crecer y al mismo tiempo también puede aumentar la desigualdad en su distribución. Es lo que pasó desde principios de la década de 1980 en gran parte de los países ricos, como se documenta en el libro del economista francés Thomas Piketty El aapal en el siglo x. El caso más claro es el de Estados Unidos, donde cl 10% de la población con mayores ingresos pasó de tener, en las décadas de 1970-1980, del 3035%de la renta total a un 4550% durante la primera década del siglo XXI; un nivel comparable al existente cuando estalló la crisis de 1929. Solo el 1% de la población con mayor renta ganaba, en 2010, prácticamente el 20% del total de los ingresos, cuando treinta años antes esa cifra representaba el 8%del total. La tendencia a la concentración de los ingresos en otros países anglosajones se mostró también muy clara. Más moderado, en cambio, pero en la misma línea, se estimaba el aumento de la desigualdad cn otros países ricos, como Francia, Italia. España y Japón, era los que la participación del 1%de la población de mayores ingresos se habría incrementado, durante el mismo período, aproximadamente del 7 al 9%.

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