Modificando hábitos de consumo para el cuidado del planeta

Gran parte deI precio de un refresco sirve para cubrir los gastos de publicidad, el proceso fabril y la distribución. Además, estos productos no son sanos ya que engordan, causan celulitis, provocan gases y facilitan el surgimiento de caries. Al elegir productos naturales, bebemos algo mucho más saludable y además ayudamos a los productores de frutas a seguir creando empleos en el medio rural. Esto ayuda a evitar la migración a las ciudades donde no hay trabajo para todos y donde la superpoblación agrava la degradación ambiental. Recordemos que los plaguicidas y los fertilizantes usados en la elaboración de productos industrializados producen cáncer y contaminan las fuentes primarias de agua potable. Además, los alimentos orgánicos se producen mediante prácticas conservacionistas que evitan la erosión del suelo.

Rechacemos los productos que dañan al medio ambiente.

Compremos ropa de telas hechas con fibras naturales como algodón, hilo, yute y lana. Hay que evitar las telas sintéticas cuya degradación es mucho más lenta. A la hora de lavar la ropa, usemos productos biodegradables. Evitemos comprar medias de nylon ya que son sintéticas y no se degradan en la basura. Evitemos los blanqueadores con cloro. El cloro, usado además en la fabricación de papel y la refinación del azúcar, reacciona con otros productos químicos y contamina el medio. Compremos alimentos sanos. Es importante diversificar la dieta de nuestra alimentación. Nuestro organismo necesita vitaminas, proteínas, calorías y otros tantos elementos esenciales que no se encuentran sólo en las frutas, sino en la carne, las verduras, las hortalizas y el pescado. 

Consumamos productos obtenidos de cultivos orgánicos, como cereal, mermelada y pan. Examinemos los rótulos de los productos y observemos si no estamos adquiriendo un producto que afecta al medio ambiente. Usemos mientras nos sea posible papel reciclado, ya que reduce la deforestación. Tratemos de no usar detergentes porque contienen fosfatos compuestos químicos a base de fósforo con un gran poder nocivo. Si no logramos sustituirlos vinagre blanco con agua, jugo de limón para los metales, bicarbonato de sodio con agua, sal, usemos los biodegradables y en forma controlada. Compremos para las plantas de nuestro hogar sólo fertilizantes orgánicos.

Limpiemos las ventanas con vinagre y agua en vez de usar productos químicos. Usemos repasadores lavables para limpiar la cocina y evitemos las toallas de papel descartables. Reduzcamos el consumo innecesario, como las bandejas de polietileno. Hagamos las compras con nuestras propias bolsas. Reutilicemos todos los materiales posibles: bolsas de nylon, sobres y papeles usados de un solo lado. Para combatir los insectos perjudiciales del jardín o el balcón usemos insecticidas naturales o el “control biológico” en lugar de venenos químicos.

No utilicemos detergentes por los daños que producen al ecosistema. Hay una serie de productos que no hacen daño al medio ambiente, como detergentes sin fosfatos, jabones con o sin abrasivos, vinagre y amoníaco, y que, además, son buenos desengrasantes. Aprovechemos la luz del día para nuestras actividades ya que de esta manera se ahorra energía. Apaguemos las luces que no utilizamos y usemos lámparas de bajo consumo. Las heladeras y los refrigeradores mucho tiempo abiertos consumen mucha más energía. Utilicemos productos en aerosol que no contenga elementos clorofluocarbonados (CFC) ya que estos productos son los que provocan la ruptura de la capa de ozono. Consumamos más alimentos a base de cereales, frutas y verduras. La producción y elaboración de 1 kg. de carne requiere 30 veces más de energía que la producción de 1 kg. de vegetales.

Derrochando Energía

Debemos tender a un menor consumo de energía para vivir mejor. Usemos racionalmente la energía y experimentemos con energías renovables no contaminantes. El fin de siglo coloca a nuestra especie ante grandes desafíos, que, en principio, amenazan con reformular no sólo las relaciones entre los seres humanos, sino también con los demás seres del planeta. Uno de ellos está definitivamente vinculado con el progresivo deterioro ecológico de la tierra como consecuencia de varios siglos de utilización asistemática de los denominados “recursos naturales”, y determinado por la incipiente toma de conciencia sobre la finitud del entorno biológico donde el ser humano recorre los caminos de su propia evolución. Es por ello, que hoy más que nunca, y sobre todo en las ciudades principales consumidoras de energía en el mundo debemos diseñar políticas y encarar acciones tendientes a reducirlo y a minimizar sus efectos sobre la naturaleza.

El consumo de energía, nos plantea entonces dos grandes conflictos.

El primero, está relacionado con la utilización de recursos agotables, es decir con su consumo. En tal sentido, debemos comprender que todos los sistemas energéticos que hemos estado utilizando están basados fundamentalmente en principios de extracción sin reemplazo y que dicha extracción está eliminando las reservas del planeta. El segundo, vinculado con los efectos que el sistema de producción de energías tiene sobre nuestro entorno, es decir la contaminación. Así, los efectos de dicha producción están haciendo estragos sobre las ya limitadas reservas.

Para evitar entonces, las consecuencias funestas que dichos conflictos plantean respecto a nuestra calidad de vida y la de las generaciones futuras, debemos comenzar a encarar conductas, tendientes a reducir no sólo el consumo energético, sino los efectos que tiene sobre el futuro de la humanidad. Cuando pensamos en el ahorro de energía, más allá de las medidas que deben diseñar e implementar los gobiernos y las empresas consumidoras o generadoras de conflictos ambientales, lo hacemos en función de propender a la generación de hábitos que nos permitan aportar cotidianamente a la reducción del consumo energético.

Con ello contribuimos a:

· Detener el calentamiento de la atmósfera y los bruscos cambios climáticos reduciendo las emisiones de elementos perjudiciales a la atmósfera

· Limitar la extracción asistemática y depredadora de los recursos naturales. (combustibles, forestación, etc.).

· Minimizar o evitar la generación de conflictos ambientales.

· Mejorar la calidad de vida en nuestros barrios

· Establecer lazos solidarios, constituyendo el ahorro energético un verdadero deber de solidaridad entre los habitantes.

·Imponernos cambio de conductas, evitar el despilfarro y efectivamente ahorrar dinero.

Es por ello que planteamos aquí algunos consejos prácticos sobre ahorro energético en las ciudades que hemos recopilado y adaptado de artículos publicados por diversas organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, y otros que hemos diseñado para esta publicación.

Contactate con Ecoactivismo

Envianos tus comentarios y consultas