Ruidosa Buenos Aires
El sonido es un idioma universal. Los ruidos y sonidos acompañan al hombre desde su nacimiento y durante toda la vida. La gente se ocupa poco de saber sobre ellos, a pesar que, en muchos casos afectan seriamente su salud, y en otros, simplemente el derecho a la tranquilidad y el descanso. Los niveles de ruido aconsejables para cada actividad están claramente fijados. La evaluación del ruido se realiza utilizando un decibelímetro que mide el nivel de intensidad sonora expresado en decibeles. El decibel es una unidad de relación que expresa aproximadamente la mínima diferencia sonora que puede detectar el oído humano. Cero decibeles corresponden al comienzo de la percepción y ciento veinte decibeles al comienzo de la sensación dolorosa. Estos valores varían según cada persona ya que la sensación de percepción es un fenómeno único. La lucha por bajar los actuales niveles de ruido en nuestra ciudad debe darse en todos los frentes. Nuestra intención es presentar una serie de sugerencias, apoyadas en aspectos técnicos y en un minucioso estudio de campo. Buenos Aires es considerada la cuarta ciudad más ruidosa del mundo.
En Casas y Departamentos
Procuremos consensuar entre los copropietarios de nuestro edificio un horario de silencio. Tratemos que las puertas del ascensor y de entrada a los departamentos se arrimen al cerrarlas, evitando así golpearlas y molestar a nuestros vecinos. Exijamos moderación en el volumen de uso de radios, televisión, minicomponentes, etc. Convoquemos a jomadas periódicas de capacitación y evaluación de las reglas o normas consensuadas entre todos los vecinos.
En escuelas y universidades
Redactemos normas a nivel nacional que obliguen a los constructores de edificios nuevos, a realizar el tratamiento acústico de las aulas, bibliotecas y salas de conferencias. Planeemos las actividades de manera tal que aquellas que generan ruidos (deporte, recreos, etc.) sean efectuadas fuera de las horas de clase o lejos de las aulas. Se debe enseñar a niños y estudiantes de todos los niveles a no generar ruidos molestos en todas sus actividades. Hay que centrar la capacitación de maestros, profesores y autoridades, a través de un equipo especializado extremo.
En las fábricas
Se debe eliminar el ruido en su origen que es la propia maquinaria. Los empresarios deben proveer a sus operarios protectores auditivos cuando el ruido excesivo no puede ser eliminado en su origen. Establecer un permanente y eficaz control que asegure su correcta utilización. Es necesaria la capacitación de los empresarios a través de las cámaras que los agrupan. La tarea podría estar a cargo de equipos de capacitación centralizados externos.
En la calle
Solicitemos a las autoridades actualizar el mapa de ruidos de la Capital Federal, para determinar el nivel de intensidad de cada una de las arterias y establecer niveles máximos para cada zona. Se debe promover la creación de una dependencia con adecuada capacidad operativa, para realizar el seguimiento y tratamiento de las denuncias por ruidos molestos, efectuadas por los ciudadanos. Es necesaria la colocación de asfalto especial sobre el pavimento de manera tal que disminuya la reflexión de los ruidos y absorba parte de los ruidos que inciden sobre el mismo. También es conveniente la colocación de semáforos manuales o inteligentes en lugares muy conflictivos para ser utilizados en casos críticos. Exijamos el control de ruidos generados por escapes, desajustes de carrocerías, cargas mal sujetas, bocinas, etc. en todo tipo de vehículo. Reclamemos normas que regulen en forma adecuada a cada caso, la duración del ruido generado por alarmas ubicadas en viviendas, automotores, etc. Pidamos normas para atenuar los ruidos que surgen como consecuencia de la actividad de recolección de residuos: escape de camiones, máquinas de compresión de residuos, gritos de operarios, etc. Evitemos el estacionamiento en tramos de calles muy conflictivos. Propongamos a la Legislatura el establecimiento de políticas adecuadas que alienten y posibiliten el cambio más frecuente de vehículos viejos por nuevos. Evitemos el uso innecesario de la bocina. Evitemos el uso de bocinas estridentes y/o sirenas ululantes.
Es necesario provocar un cambio cultural profundo en la población respecto a su convivencia con los ruidos, desterrando la histórica costumbre de asociar ruido y poder que tanto daño nos hace. El rendimiento de cada uno de nosotros dependerá del comportamiento de nuestros vecinos respecto a los ruidos.
Fauna Urbana
Una sociedad civilizada debe contemplar, fortalecer y amparar una adecuada relación hombre animal. También debe poder ver con sabiduría cuándo un animal se convierte en un potencial enemigo, porque, en ese caso, se debe priorizar la salud de la población. Es esencial la protección de animales domésticos respetando su vida, controlando su salubridad, asegurando su reproducción con métodos éticos y evitando la crueldad, ya que, al prevenirla, también actuamos sobre la violencia antes de que se descargue sobre los seres humanos más débiles. La depredación de que han sido objeto las especies vivas ha provocado que a nivel intencional se procure frenar la actividad clandestina y de crueldad con que se maltrata a los animales. No podemos ni debemos aceptar prácticas aberrantes que los denigren. En la Argentina, hay previsiones al respecto. Desde la década del 50 la legislación nacional contempla sanciones por actos de crueldad y malos tratos hacia los animales: “Será reprimido con 15 días a un año de prisión el que infligiere malos tratos o hiciere víctima de actos de crueldad a los animales”.
Si bien es importante conocer las enfermedades para evitarlas, estar atento y prevenirlas, hay que tener presente que casi ninguna de éstas es mortal y la mayoría se pueden prevenir y curar. Por ejemplo, los gastos rasguñan y de esta manera, a veces, transmiten la encefalitis. Sus síntomas son la hinchazón e hipersensibilidad de los ganglios linfáticos y fiebre. La mayoría de nosotros ha tenido o tiene algún animal a quien cuida, alimenta o pasea. Así como ellos nos brindan alegría y nos hacen compañía, nosotros les debemos dar cuidado y atención. Normalmente, se considera «animal doméstico» a los perros, gatos y canarios, pero debe tenerse en cuenta que la lista no se acaba allí. En efecto, son también animales domésticos los loros y aves silvestres autorizadas a ser comercializadas, y hasta mascotas más insólitas como hámster, cobayos, conejos y peces que son huéspedes en nuestro hogar. Pero no sólo animales domésticos hay en las ciudades; también existen algunos animales vectores de enfermedades o peligrosos como ratones, gorriones, arañas, mosquitos, murciélagos, cotorras, piojos, moscas, ratas, palomas, pulgas, escorpiones y cucarachas.





