Biología de la conservación 

Se consolidó el nacimiento de la llamada “biología de la conservación”, la maduración de distintas corrientes en la “ética ambiental”, y versiones más sofisticadas sobre el desarrollo sostenible. Si bien muchas de estas cuestiones se discutirán en otros capítulos, es oportuno adelantar algunas precisiones sobre la biología de la conservación.

Esta disciplina se inició en el mundo anglosajón como un movimiento de ruptura frente a la clásica biología del wildlife management o manejo de la vida silvestre en castellano, a la que consideraban muy volcada a la descripción y la instrumentalización del uso de los recursos naturales. En cambio, la biología de la conservación buscaba proteger la biodiversidad. Eso hacía que fuera no sólo multidisciplinaria dentro de la biología (por ejemplo, por su uso intensivo de la genética de poblaciones y la biogeografía de islas), sino por presentarse como una disciplina volcada a la práctica y bajo un mandato ético. En sus formulaciones iniciales se insistió en que la biología de la conservación era una “disciplina de crisis”, que debla actuar ahora mismo, ya que la inacción acarreaba mayor pérdida en biodiversidad. A su vez, estaba claramente volcada hacia el reconocimiento de los valores intrínsecos en la Naturaleza, alineada con las formulaciones de la ecología profunda.

Estas y otras discusiones alcanzaron los debates internacionales. En ese terreno, un aporte muy novedoso se dio en 1991, como antesala a la Eco’92 de Río de Janeiro. En efecto, IUCN, PNUMA y WWF prepararon una nueva estrategia mundial de la conservación que se publicó como “Cuidar la Tierra”, ofreciendo un cambio cualitativo: aparece una sección específica dedicada a ética. Esta estrategia otorgó a los aspectos éticos un papel central ya que “lo que la gente hace depende de lo que la gente cree”. Consecuentemente se postuló que el desarrollo sostenible implica un tránsito hacia una sociedad sostenible que también se basa en una ética para vivir de otra manera. Esta no es una advertencia menor si se tiene presente que el sentido de sostenibilidad ha sido tan manoseado que para algunos es sinónimo de crecimiento económico continuo. La estrategia consideró que ese cambio es moralmente correcto y que sin esa ética se pone en peligro el futuro de la humanidad. Esa nueva perspectiva ética debe reposicionar el papel del ser humano como una parte de la comunidad de la vida, junto a las demás especies vivientes. Si bien se mantienen los compromisos con los derechos fundamentales, como la libertad, esta última proposición pone en jaque al antropocentrismo clásico de las anteriores declaraciones.

“Cuidar la Tierra” afirma que “toda forma de vida merece ser respetada, independientemente de su valor para el ser humano”. En este caso la posición se distancia todavía más del antropocentrismo utilitarista, ya que demanda la preservación de las especies más allá de la utilidad para el ser humano. Esta afirmación era especialmente radical en aquellos años en tanto buena parte de la comunidad académica conservacionista estaba más enfocada en defender la preservación de la biodiversidad por su potencial valor económico futuro. En efecto, varios estudios influyentes de esa época insistían en el valor económico que pudieran tener especies desconocidas o no estudiadas. El problema con esta postura es que se intentaba justificar la conservación desde una ética utilitarista, en especial apelando al potencial beneficio económico para el ser humano, muy a tono con el “ambientalismo del libre mercado” de aquellos años. Se generaban muchas contradicciones ya que esa misma postura ética era indicada como causa primaria de los problemas ambientales.

El señalamiento ético de “Cuidar la Tierra”es un aporte importante para el mandato de la conservación, ya que el mantenimiento de las especies vivas y los ecosistemas debería ser realizado, no tanto por su utilidad real o potencial para los humanos, sino por valorar a esas especies, los ecosistemas y la evolución en sí misma. Asoman, de esta manera, los valores intrínsecos. Los derechos de los seres vivos son ubicados en un mismo nivel que los derechos humanos: “la protección de los derechos humanos y los de las otras especies es una responsabilidad mundial que trasciende todas las fronteras geográficas, culturales e ideológicas”. Son aportes claramente comprometidos con los valores intrínsecos y el biocentrismo. 

“Cuidar la Tierra”, además, inspiró muchas de las discusiones que tuvieron lugar durante la preparación de la Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro en 1992 (Río 92), incluyendo la redacción de la Convención de la Diversidad Biológica. Lamentablemente, sus aportes en ética ambiental no se vieron representados en la posición final de los gobiernos en la “Declaración de Río”, la que se mantiene dentro de la discusión tradicional sobre ambiente y desarrollo. Para decirlo de otra manera, en el mundo de gobiernos y empresas se mantuvieron los objetivos económicos clásicos, donde la Naturaleza es un conjunto de recursos a utilizar, y las cuestiones ambientales fueron ubicadas en segundo o tercer plano, sin incorporar un giro ético.

Contactate con Ecoactivismo

Envianos tus comentarios y consultas