La Pampa durante su conquista, su ocupación y su influencia en el medio ambiente

Es un fenómeno reconocido por todos los climatólogos que hacia la segunda mitad del siglo pasado (sea cual fuere su causa) las temperaturas medias mundiales aumentaron y el clima se volvió más benigno en general. Esto coincidió con una retracción general de los desiertos y una expansión de las condiciones húmedas de las zonas tropicales y subtropicales. El correlato en nuestro país debería ser un humedecimiento progresivo de la pampa, con un avance hacia el sudoeste de las estancias, un aumento de la importancia económica, y luego política, de la provincia de Buenos Aires y, a la vez, un recrudecimiento de las incursiones indígenas, todos los cuales son hechos históricos. Cuando se concreta la Conquista del Desierto en los setenta, ya las condiciones ambientales estaban cambiando y esto afirmó la creencia de que esta fértil «pradera» había sido eternamente así, y que sólo hacía falta la decisión de un Estado con un proyecto para que brindara por siempre jamás los inmensos beneficios de su explotación. Esta creencia aún subyace en la conciencia de la mayoría de los argentinos. Sin embargo, el porfiado desierto aparecía ominoso aquí y allá. En un detallado trabajo publicado en 1942por el Instituto de Suelos y Agrotecnia, se hace referencia a la existencia de médanos vivos en la década de los setenta del siglo pasado, ¡hasta en una estancia del partido de Veinticinco de Mayo! Por supuesto que eran comunes en La Pampa y oeste y sur de Buenos Aires, sobre todo en las áreas de Guatraché, Villa Iris, Bahía Blanca y Rucanelo. Se cita especialmente la zona comprendida entre Trenque Lauquen y Guaminí.
Durante las tres últimas décadas del siglo la humedad fue en aumento, y acompañó a la ocupación de la pampa; los ferrocarriles y la agricultura llegaron, en menos de cuarenta años, hasta los confines de lo que luego se denominaría «pampa húmeda», que comprende más de un tercio de la actual provincia de La Pampa y el sur de la de San Luis.
Hacia principios del presente siglo culmina este proceso de humedecimiento de la pampa. Comienza a manifestarse entonces la otra cara de ese Jano misterioso que es nuestra llanura, que consiste en la incapacidad que tiene el sistema pampeano para evacuar los excesos de agua. Se hizo presente, de este modo, el otro tipo de crisis climática en que se manifiestan las oscilaciones de este sistema: ¡las inundaciones! o sea, el otro extremo del péndulo ambiental de la pampa de las épocas históricas y prehistóricas. Este fenómeno, seguramente, afectó a muchas regiones, pero donde más se hizo sentir social y políticamente fue en la zona ganadera más antigua de la provincia de Buenos Aires y donde estaban los propietarios más influyentes: la cuenca del Salado. Esta circunstancia facilitó la aprobación y ejecución del gigantesco proyecto (que, en su momento, fundadamente, criticó A meghino) de la serie de canales que partiendo del pie de las sierras del Tandil intentan llevar las precipitaciones que allí se concentran hacia la ensenada de Samborombón, al sur del Salado. De esta costosísima obra (terminada cuando ya las condiciones habían cambiado) nunca hubo un balance técnico sobre su funcionamiento. No se resolvió el problema, y los pocos técnicos o científicos que han opinado sobre ella le han adjudicado un carácter negativo o, a lo sumo, neutro.
UNA EPOCA RELATIVAMENTE SECA
La crisis climática de los años treinta tuvo una gran incidencia como agravante de la crisis socioeconómica de esa época y fue parcialmente responsable del retroceso y el estancamiento de la producción agrícola en las dos décadas siguientes. Es interesante recordar aquí que, en la década del cincuenta, para cumplir compromisos de exportación de trigo, se llegó a incorporar al pan harina de mijo, que es un cereal tradicional de las estepas semiáridas, y cuya producción no estaba limitada por las condiciones ecológicas de ese tiempo. El estudio detallado y profundo de las variaciones climático ambientales de la pampa en tiempos históricos y de la «crisis climática de los años treinta» es una de las tantas deudas que los argentinos tenemos con el pasado, con nosotros mismos y con nuestro futuro. Entre 1920 y 1960, las sequías fueron, por lejos, el principal problema agrícola argentino, esto es, el principal problema agrícola de la pampa húmeda, porque durante ese lapso prosperaron la producción ovina en la Patagonia y también las economías regionales de base tradicional. Especialmente aumentaron las áreas irrigadas en las regiones oeste y sur del país. En 1952 se secaron las lagunas del sistema de Las Encadenadas, en el sudoeste bonaerense, mientras que, en el otro extremo de la pampa, la laguna de la Mar Chiquita, en Córdoba, veía reducir su superficie como nunca se recordara, y aumentar su salinidad hasta varias veces la del agua de mar. Las importancias de estas referencias hacen a la regionalidad del fenómeno y al hecho de que los cambios en los cuerpos de agua interiores son uno de los principales indicadores de los cambios climáticos en la escala intersecular. A propósito del desecamiento de Las Encadenadas, es bueno recordar aquí que esta circunstancia motivó el proyecto del canal Ameghino, con el objeto de derivar hacia esa cuenca aguas del arroyo Vallimanca. Esta obra, insistentemente reclamada por los productores del área, que se quedaban sin aguadas, fue construida diez años más tarde (por supuesto que sin tener en cuenta las oscilaciones climáticas) y desde entonces no ha dejado de ser un agravante de las inundaciones, e incluso se lo invoca para reclamar más de 100 millones de pesos al estado provincial con motivo de las inundaciones de 19851986, por los que, en su momento, hubieron de considerarse los beneficiarios de la obra, y cuya construcción, de algún modo, habían solicitado y propiciado. La historia de la lucha de los argentinos por dominar la pampa y ponerla o mantenerla en producción está llena de esas paradojas, las cuales revelan un conocimiento inadecuado del medio geográfico sobre el que técnicos, productores y políticos deben actuar.
