Jane Goodall muere a los 91 años y deja un legado global en ciencia y conservación

Este miércoles, el mundo científico y ambientalista recibió una noticia que marca el cierre de un capítulo histórico: Jane Goodall falleció a los 91 años, en California, durante una gira internacional. El Instituto que lleva su nombre informó que la causa fue natural, y recordó que su vida estuvo dedicada a estudiar a los chimpancés y a defender el medio ambiente con una pasión que trascendió fronteras.

Goodall no solo fue una pionera en primatología, sino también una activista ambiental de alcance global y Mensajera de la Paz de la ONU. Desde el Instituto enfatizaron que sus investigaciones cambiaron la forma de comprender a los animales y que, al mismo tiempo, dedicó su existencia a la protección y restauración del mundo natural.

Jane Goodall, revolución en la primatología

A los 26 años, Goodall comenzó un trabajo de observación que transformaría la forma en que la ciencia entendía a los chimpancés. Durante sus investigaciones en Tanzania, a mediados de la década de 1960, pudo registrar comportamientos que hasta entonces se atribuían únicamente a los humanos.

Descubrió que los chimpancés son capaces de sentir emociones profundas, como afecto y apego, que poseen personalidades distintas y que se comunican a través de gestos y sonidos propios. También demostró que pueden fabricar herramientas simples, un hallazgo que rompió con la idea de que solo los humanos podían manipular objetos para un propósito específico.

Goodall explicaba que su acercamiento con los científicos de laboratorio fue distinto al habitual: no los criticaba, sino que mostraba lo que observaba en el hábitat natural de los animales. Señalaba que bastaba con mirar a los ojos de quienes la escuchaban para ver cómo cambiaba su percepción sobre el trato a los chimpancés en cautiverio.

La relación con Chile y la defensa de los animales

En agosto de 2024, Jane Goodall visitó Chile por tercera vez, con la intención de transmitir un mensaje claro: la conservación del medio ambiente y la lucha contra la pobreza son inseparables. En el Salón de Honor de la Universidad de Chile, pidió a los asistentes cultivar empatía y respeto por los animales, porque considera que la sensibilidad hacia otras especies es un componente central de la zoología y la ecología moderna.

Durante esa visita, destacó que no solo los primates poseen emociones e inteligencia. Contó un experimento casero realizado en China, en el que observó que los peces eran capaces de interactuar y jugar, lo que la llevó a concluir que también son seres sintientes. Estas ideas sirvieron como argumento en la discusión legislativa sobre la Ley de Pesca en Chile, presentada por el diputado Jorge Brito (FA), que buscaba proteger la salud física y mental de los peces y evitarles sufrimiento innecesario. Aunque la propuesta fue finalmente rechazada, reflejó la influencia del pensamiento de Goodall en debates contemporáneos sobre bienestar animal.

El trabajo de la etóloga en Chile no se limitó a conferencias. A través del programa Roots and Shoots, su instituto enseñó a niños y niñas a involucrarse en activismo ambiental, fomentando la conciencia ecológica desde temprana edad. Esta iniciativa es un reflejo de su filosofía: empoderar a las personas para que actúen en favor de la naturaleza.

Activismo ambiental y cooperación comunitaria

Más allá de la investigación, Goodall impulsó proyectos concretos para proteger ecosistemas en peligro. En África, implementó programas que reducían la tala ilegal de bosques mientras ayudaban a las comunidades locales a encontrar medios de subsistencia sostenibles.

En sus propias palabras durante la última visita a Chile, señaló que los habitantes de estas áreas comprendían que la conservación no era un lujo, sino una necesidad para su salud, su futuro y el equilibrio climático de su región. La participación de las comunidades locales convertía a estas personas en aliadas de la protección ambiental, demostrando que el cambio sostenible requiere cooperación y educación.

Estos proyectos combinaban ciencia, desarrollo social y acción directa, mostrando que la protección de la naturaleza no puede ser un esfuerzo aislado. Goodall promovía una visión integral, en la que la supervivencia de los ecosistemas está vinculada al bienestar humano, y donde la educación y la sensibilización son herramientas clave.

Un legado que trasciende fronteras

Jane Goodall no solo dejó un registro científico invaluable sobre chimpancés y otros animales, sino que también creó un modelo de activismo basado en la evidencia, la educación y la empatía. Su influencia se extiende desde laboratorios y reservas naturales hasta las aulas y las calles, pasando por foros internacionales donde abogó por políticas de conservación y justicia ambiental.

El impacto de su trabajo se refleja en la creciente atención que recibe la protección de especies y ecosistemas, así como en la forma en que los seres humanos se relacionan con la naturaleza. Su ejemplo inspira a nuevas generaciones a combinar investigación rigurosa con compromiso ético, mostrando que la ciencia y la conciencia ambiental pueden avanzar de manera conjunta.

Hoy, mientras la comunidad científica y organizaciones ambientalistas como Greenpeace lloran su partida, el legado de Goodall continúa vivo en cada iniciativa de conservación, en cada niño o niña que aprende sobre ecología, y en cada política que reconoce que todas las especies merecen respeto y cuidado. Su vida demuestra que la curiosidad, la paciencia y la compasión pueden transformar tanto el conocimiento como el mundo que habitamos.

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