¿Qué peligros conlleva la deforestación para los seres humanos?


La deforestación es una de las problemáticas ambientales más graves que atraviesa ahora mismo el planeta. Pero a diferencia de lo que suele creer, no solo afecta directamente a los ecosistemas, la flora o la fauna, sino también a los seres humanos. Desde efectos devastadores, como la pérdida de recursos vitales como el agua o el suelo, hasta el aumento de enfermedades desconocidas, la tala masiva de árboles tiene impactos que ponen en riesgo la supervivencia de millones de personas.
A lo largo de las últimas décadas, la Tierra ha perdido ¡más del 15 % de su cobertura forestal! ¿El resultado? Pérdida de biodiversidad, empeoramiento del cambio climático y comunidades enteras devastadas (ya que dependen de los bosques para su subsistencia). Pero a esto se suman repercusiones irreversibles como la pérdida de calidad del aire y del agua.
¿Cómo impacta la deforestación en la salud humana?
A medida que las topadoras y las sierras eléctricas avanzan por los bosques, los hábitats naturales de cientos de especies animales desaparecen. Esto incrementa el riesgo de propagación de enfermedades zoonóticas, ya que aves y mamíferos comienzan a entrar en contacto con las comunidades humanas en busca del alimento y el refugio que perdieron por la tala de árboles.
De esta forma, estas especies “a la deriva” facilitan que virus y bacterias desconocidas se expandan y transmitan a los humanos. Un claro ejemplo de ello es lo que sucedió en 2014, cuando una mordedura de murciélago a un niño provocó la muerte de más de 11 mil personas en África Occidental por el virus del Ébola.
Por otro lado, la deforestación provoca la liberación de partículas contaminantes que empeoran la calidad del aire. La quema de árboles y los incendios forestales intencionales generados por empresas del sector agrícola e inmobiliario liberan dióxido de carbono que exacerban los problemas respiratorios de las poblaciones cercanas. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año fallecen más de 4 millones de personas por el aire contaminado.

Suelos menos fértiles, riesgo de hambruna
Los bosques cumplen un rol fundamental tanto para mantener el equilibrio climático como para asegurar que los suelos se mantengan fértiles. Pero a medida que la deforestación avanza, las tierras agrícolas van perdiendo su capacidad para producir alimentos. En regiones como el Amazonas, por ejemplo, los suelos han perdido sus nutrientes esenciales como resultado de los desmontes que se realizan para reemplazar árboles por cultivos de soja.
Mientras tanto, los bosques de África y Asia continúan padeciendo por la deforestación constante que reduce la disponibilidad de alimentos como frutas, nueces y hongos para las comunidades rurales. Por otro lado, la desaparición de los bosques tropicales del planeta está haciendo desaparecer a especies como las abejas, que son clave para el proceso de polinización. Esto no ha hecho más que agravar la crisis alimentaria mundial.
A menos que (como vienen reclamando desde hace años organizaciones ambientalistas como Greenpeace Argentina) se tomen medidas concretas para combatir la deforestación, esta crisis acabará poniendo en riesgo la seguridad alimentaria, y en consecuencia las vidas, de millones de personas alrededor del planeta.
Los efectos de la deforestación en la crisis climática mundial
Diversos estudios científicos han demostrado cómo la deforestación contribuye a empeorar el cambio climático. Esto se debe a que los bosques funcionan como sumideros naturales de dióxido de carbono (se calcula que absorben ¡el 30% de las emisiones globales de este gas contaminante!). Pero cuando se talan y desmontan árboles, no solo se anula esta capacidad de los bosques, sino que además se libera el carbono almacenado en ellos durante décadas.

La pérdida de árboles en el Amazonas, por ejemplo, está provocando sequías más severas en países como Brasil y Argentina, afectando sus producciones agrícolas y el suministro de agua potable. Pero además, la pérdida de cobertura forestal ha generado un aumento de las temperaturas en todo el planeta, haciendo que fenómenos climáticos extremos como huracanes e inundaciones sean cada vez más frecuentes e intensos.
Para poner un fin a estas problemáticas es imperioso que los gobiernos de todo el mundo implementen políticas que prohíban la tala ilegal y regulen la expansión agrícola e inmobiliaria a costa de los bosques. Solo así será posible defender estos ecosistemas y garantizar un futuro donde las enfermedades, las olas de calor y las sequías acaben atentando contra la vida de todos los seres humanos.