La crisis climática de los años treinta

Mientras tanto, en el otro extremo de la pampa florecían las colonias agrícolas que llegaban hasta la mitad de la actual provincia de La Pampa. El desierto fue desterrado al extremo oeste pampeano y sur de Mendoza y allí parecía haber sido arrinconado para siempre, pero pronto llegaría su hora. Durante la Primera Guerra Mundial comenzaron a notarse las sequías, primero un año de cada tres, luego dos de cada cuatro. Algunos médanos comenzaron a moverse, y así hasta que en la década de los treinta estalló lo que ha dado en llamarse la «crisis climática de los años treinta», la cual, por las circunstancias históricas en las que se produjo, significó la aparición de un nuevo tipo de crisis ambiental para la pampa, ya que en la misma actuó, como protagonista de primer plano, la sociedad moderna, junto a los otros dos elementos que caracterizan a la dinámica de los ambientes geográficos, y que son: el cambio climático y la herencia ambiental. Este episodio poco difundido de la historia argentina se desarrolló entre fines de los años veinte y principios de los cuarenta y, salvo alguna referencia literaria, no ha sido mencionada ni estudiada en su significado trascendente para nuestro ambiente pampeano. Las sequías, cada vez más frecuentes e intensas, encontraron un área sin protección a causa de los desmontes y el reemplazo de la vegetación natural, por lo que el avance del desierto, para desesperación de los colonos, las empresas ferroviarias y el gobierno, fue muy rápido. Los médanos se movilizaron hasta en el partido de Nueve de Julio, es decir muy adentro de la provincia de Buenos Aires. Más al oeste la situación era dramática. La arena lo cubría todo, las compañías ferroviarias debieron destinar, en algunos tramos, cuadrillas permanentes para despejar las vías. Hacia el noreste y las cercanías de Buenos Aires volvieron a asomarse las tormentas de polvo. 

El gobierno, intentando ayudar, empeoró las cosas, ¡dio créditos para sembrar y algunos araron y sembraron hasta… siete veces en un año sobre la arena seca! Para colmo, en 1932, cuando el avance del desierto estaba en su clímax, se produjo la erupción del volcán chileno Quizapú, que aquí se conoció como «El Descabezado» y que se encuentra a la altura del sur de Mendoza. Las cenizas más finas de esta erupción fueron registradas hasta en Rio de Janeiro; en Rosario cayeron algunos milímetros y en Buenos Aires uno o dos centímetros. El espesor de la ceniza caída se estimó en más de treinta y hasta cincuenta centímetros. El viento voló entonces arena, ceniza, suelo (si algo quedaba), semillas, todo. Pasados los primeros días de estupor, el éxodo, que ya había comenzado, se hizo masivo, generalmente hacia Buenos Aires y Rosario. Muchos colonos arruinados engrosaron la legión de desocupados, en su mayoría ex peones, que deambulaban de pueblo en pueblo y de estancia en estancia, durante esa triste década. Algunos pocos, porfiados, se quedaron, sembraron sobre la ceniza y se produjo el milagro: ese año llovió como nunca y la noticia hizo volver a muchos. Fue en vano: tres años sin lluvias acabaron con todo. Ese milagro, así como la decepción posterior, tienen su explicación en que los materiales más finos, expulsados por el volcán a gran altura, producen dos efectos bien conocidos: uno inmediato, que es el de actuar como núcleos de condensación para las gotas de lluvia provocando precipitaciones anómalas (este efecto se produce en las capas más bajas de la atmósfera y es de corta duración); el otro efecto, más duradero, es el de actuar como pantalla solar en la parte alta de la atmósfera, lo que acentúa el enfriamiento de la superficie, la intensidad de los vientos del sudoeste y, por consiguiente, la aridez. La mayor parte de los materiales que constituyen el suelo y subsuelo de la pampa provienen de las erupciones explosivas de los numerosos volcanes que se alinean sobre la cordillera al sur de los 37 grados de latitud sur. Estos volcanes han entrado en erupción en forma más o menos frecuente desde el levantamiento principal de la cadena andina, es decir. por la época del nacimiento de la pampa hace unos diez o doce millones de años. O sea que podemos afirmar que el «barro» con el que fue y es construida la pampa es ceniza volcánica en distinto grado de transformación por el clima (más intenso cuanto más húmedo es este último).

La procedencia de estos materiales está muy bien establecida a partir de ciertas particularidades geoquímicas que caracterizan al volcanismo surandino y que se han reconocido en las cenizas de las erupciones del Hudson y del Quizapú, y que se repiten en los suelos y sedimentos de toda la pampa. Esta característica consiste en una anomalía, por exceso, del contenido de arsénico, selenio, antimonio, molibdeno, uranio y otros elementos, que presentan los componentes minerales de estas cenizas y que certifican su origen. Esta procedencia de los materiales que constituyen el cuerpo físico de la pampa es una confirmación indirecta del predominio de los vientos del sistema oeste suroeste durante la mayor parte de su historia. El transporte y retransporte por esos vientos de las cenizas y de los suelos formados sobre ellas en los períodos húmedos, es lo que ha dado origen al ambiente pampeano en su base física y es el mecanismo de su transformación continua. La forma llana de la pampa no se debe a la erosión prolongada de las aguas y los hielos, como en otras planicies más conocidas de Europa y Norteamérica, sino a las circunstancias sumadas del relleno del relieve con cenizas, durante millones de años y a la persistente recurrencia de los climas áridos, donde predomina la acción del viento como arquitecto del paisaje. El sedimento que resulta de ese continuo proceso de transporte, retransporte y transformación patogénica de los materiales volcánicos en el ámbito geográfico pampeano, recibe el nombre de loess o «loes», y es un producto característico de condiciones climáticas esteparias específicas en todo el mundo. Puede afirmarse que, en más de un sentido, la pampa es hija de los Andes. En efecto, el levantamiento de esta cadena dio origen al ámbito geográfico en que se instala la pampa suministró los materiales para su construcción y, por el control que ejerce sobre la circulación atmosférica del hemisferio sudoccidental, crea las condiciones climáticas para su desarrollo. 

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