Manuel Jaramillo: “La conservación no es nostalgia, sino estructuración de lo que se aproxima”

Manuel Jaramillo, director general de la Fundación Vida Silvestre Argentina, ha estado involucrado durante más de veinte años en iniciativas relacionadas con políticas de conservación y restauración ecológica. Desde Misiones al Congreso de la Nación, promueve una perspectiva estratégica acerca de cómo coexistir en armonía con el entorno natural.
Un guardaparque que adquirió habilidades para conversar con la política
Tal vez lo ha visto en alguna entrevista televisiva, rodeado de árboles o hablando sobre jaguares y bosques, siempre con un tono tranquilo y datos en la mano. Manuel Jaramillo, ingeniero forestal y director en la actualidad de la Fundación Vida Silvestre Argentina (FVSA), es uno de esos individuos que consigue establecer conexiones entre el activismo, la ciencia y la administración pública.
“Lo que no se conoce no se puede proteger”, afirmó en una conversación con Télam. Por esta razón, una parte fundamental de su labor consiste en crear información técnica que sea útil para la toma de decisiones. Con base en la oficina de Buenos Aires, pero con los pies en la selva misionera, organiza iniciativas de vigilancia de fauna, restauración y conservación.
Dirigió en años recientes campañas con el objetivo de prevenir la deforestación en el Gran Chaco, resguardar los bosques nativos y fomentar la conectividad biológica en el Corredor Verde Misionero, un refugio de biodiversidad que alberga a la mayor cantidad de yaguaretés del país.
“El desarrollo debe ser armónico con la vida”.
Jaramillo afirma a menudo que el desafío ambiental de Argentina no es técnico, sino político. “Desarrollo y conservación no son opuestos”, dijo a La Nación Verde.
Bajo su liderazgo, Vida Silvestre impulsa programas que combinan la producción sostenible con la preservación. En la provincia de Misiones, trabajan junto a productores de menor tamaño y comunidades guaraníes en sistemas agroforestales que permiten la agricultura sin dañar los bosques. “El cambio se vuelve irreversible cuando el productor entiende que tiene la posibilidad de vivir mejor al proteger el monte”, dijo.
Según él, el ambientalismo no puede ser únicamente reactivo. “Decir simplemente ‘no a la deforestación’ no es suficiente. Debemos plantear opciones factibles. “Conservar no es añoranza, sino proyectar el futuro.”
Una perspectiva integral acerca de la crisis climática
Jaramillo sostiene que en una nación donde el tema medioambiental es frecuentemente relegado por la urgencia económica, la cuestión ambiental no es secundaria, sino esencial. “Detrás de cada sequía, inundación e incendio hay una decisión política. “Si continuamos devastando la naturaleza, los costos serán económicos y sociales antes que ecológicos”, alertó en Perfil Sustentable.
Este año, la Fundación Vida Silvestre emitió un informe que advierte acerca de la disminución del 80 % de los humedales nacionales y el incremento en la cantidad de incendios forestales. “Las catástrofes naturales no son los eventos extremos, sino que estos son las consecuencias de un modelo sin límites”, enfatizó.
Educación y participación ciudadana
Aparte de su función técnica, Jaramillo invierte una gran parte de su tiempo en la educación sobre el medio ambiente. Durante una conversación en la Universidad Nacional de Misiones, afirmó: “El futuro está condicionado a que las nuevas generaciones entiendan que el bienestar humano depende del balance ecológico”.
Asimismo, desde 2018 coordina el Programa de Educación Ambiental de Vida Silvestre, que promueve el consumo responsable, la eficiencia energética y la protección de las especies amenazadas, y tiene un número de alumnos mayor a 50.000 cada año.
“Se trata de crear una sociedad que entienda que proteger el medio ambiente significa protegerse a uno mismo, no de volver a una naturaleza idealizada”, cerró.





