Diego Vázquez: El guardaparque que hizo su hogar y su objetivo el Impenetrable

Diego Vázquez es un guardabosques y una figura emblemática del Parque Nacional El Impenetrable. Su nombre se transformó en un ícono de resistencia, perseverancia y compromiso en una de las áreas con la mayor diversidad biológica del país, aunque también una de las más frágiles.

“El Impenetrable no te da nada; debes aprender a escucharle”, afirmó Vázquez en un diálogo con La Nación. ¿Su plan? Resguardar la naturaleza. “Escuchar al monte, a su fauna, a sus comunidades y protegerlos en un territorio donde la caza furtiva, el tráfico ilegal de fauna y el desmonte continúan siendo retos cotidianos”, aseguró.

La existencia entre rastros de yaguareté, quebrachos y algarrobos

Cuando Vázquez arribó al Chaco, era un joven guardaparques que no sabía que ese lugar se convertiría en su vida. 

Con el tiempo, su trabajo en el corredor del yaguareté —uno de los proyectos de preservación más importantes del país— lo hizo una de las personalidades más reconocidas.

“La naturaleza está hecha con intención”, asegura.

Su labor diaria abarca patrullajes de grandes distancias con temperaturas inferiores a 40 grados, monitoreo de cazadores furtivos, conversación con las comunidades creollas y wichí, vigilancia de cámaras trampa y largas horas de inspección de caminos y ríos que pueden sufrir cambios bruscos.

Un territorio en conflicto: la conservación versus las presiones para extraer recursos

El Impenetrable experimentó décadas de progreso de desmonte, fue incendiado deliberadamente y tuvo proyectos que pretendían convertir el monte en tierra productiva sin considerar las consecuencias antes de convertirse en Parque Nacional. Vázquez fue de los primeros en darse cuenta de que el equilibrio del ecosistema estaba amenazado.

En Página/12, lo expresó de manera cruda:

 “El monte tiene un límite. Lo tratan como si fuera posible cortarlo y que vuelva a crecer en dos meses, pero no es así. Lo que se pierde aquí no puede ser repetido.

Su trabajo en el parque tiene como objetivo no solo frenar esas presiones, sino también producir datos científicos. “Ayude a visibilizar al tatú carreta, el aguará guazú y el yaguareté.”, sostuvo. 

La información recopilada no solo se utiliza para informes, sino que también es fundamental para tomar decisiones de gestión y estrategias de conservación que incluyen a provincias, ONG y entidades internacionales.

Una función primordial de Vázquez es asistir a las comunidades wichí que residen en áreas adyacentes al parque. 

Se reúne con líderes locales, escucha las quejas sobre el acceso al agua, trabaja en proyectos relacionados con la educación ambiental y coordina acciones con escuelas rurales.

“El guardaparque, en su labor, debe ser un puente”, dijo en una capacitación de la Administración de Parques Nacionales. Ese enfoque es fundamental: no se puede conservar el Chaco sin la colaboración con las personas que han vivido allí durante generaciones.

Vázquez enfatizó en numerosas ocasiones que el conocimiento local es esencial: “Los wichí tienen una mejor comprensión del monte que cualquier biólogo. Conocen cuáles árboles están muriendo, el lugar al que se trasladó un puma y cuándo hay que evitar un área. “Nosotros adquirimos conocimientos de ellos a diario”.

Contra la caza furtiva: una labor peligrosa

El progreso de la caza ilegal y del tráfico de animales condujo a Vázquez a lidiar con circunstancias difíciles: decomisos, hostigamiento, amenazas. En entrevistas con medios de comunicación chaqueños, admitió que no siempre es sencillo: “Muchos no comprenden por qué ya no pueden cazar como antes. Sin embargo, el problema es que ya no existen animales como los de antes. 

Los decomisos más frecuentes son de aves, pecaríes, tatúes y corzuelas. Sin embargo, también se incautan trampas, armas y pieles que estaban destinadas a ser comercializadas en el mercado negro.

Su labor es incómoda para ciertos sectores, pero necesaria para preservar un ecosistema que ha visto reducida su cobertura original en más del 70 % en el Gran Chaco.

Una vida consagrada a salvaguardar lo que escasamente se ve

Para mucha gente, el paisaje del Impenetrable puede parecer inhóspito: escasez de agua, vías complejas y calor extremo. No obstante, para Vázquez tiene un significado profundo.

 “Yo aquí encontré mi sitio. “Me sería imposible vivir lejos de la montaña”, declaró en un documental de Vida Silvestre.

Su dedicación, discreta y persistente, simboliza a centenares de guardaparques argentinos que laboran en silencio, sin conferencias ni cámaras, manteniendo parques nacionales que son santuarios de biodiversidad.

El legado de un guardián del monte

“Lo que estamos cuidando en el presente no es para nosotros. Siempre dice: “Es para los que vienen”.

Y en esa frase radica el núcleo de su misión.

Contactate con Ecoactivismo

Envianos tus comentarios y consultas