Ana Di Pangracio: la abogada que convirtió la defensa del ambiente en una causa ciudadana

Ana Di Pangracio, quien es la directora ejecutiva de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), ha ganado un lugar central en el ambientalismo argentino en años recientes. Su voz se ha convertido en un referente indispensable en discusiones acerca de la justicia climática, el acceso al agua, el activismo y la participación pública, así como del extractivismo y los bosques nativos. Sin embargo, su trayectoria no comenzó en una gran ONG; él suele recordarla como “la convicción de que el medio ambiente es un bien común y no un asunto sectorial”.

Di Pangracio sostiene, desde su oficina en Buenos Aires, un enfoque que fusiona la agudeza técnica con una sensibilidad política. En una reciente conversación con Página/12, sostuvo: “Si no logramos la compatibilidad entre lo social, lo económico y lo ambiental, el desarrollo es imposible. “Creer que el medioambiente es un impedimento es un gravísimo error”. La frase sintetiza el enfoque que se ha estado desarrollando durante más de diez años: democratizar las discusiones sobre medio ambiente, llevarlas a los tribunales cuando es preciso y, principalmente, incluirlas en la agenda de la ciudadanía común.

Di Pangracio, abogada especializada en derecho internacional, sostiene que las reglas se encuentran vigentes; el inconveniente es que no se cumplen. “Argentina cuenta con un sólido marco normativo en términos ambientales. Ley de glaciares, ley de bosques y ley general del ambiente. Durante las Jornadas de Derecho Ambiental de la UBA en 2023, afirmó: “Lo que no existe es la voluntad política para implementarlas”. Según ella, el mayor reto es reducir la distancia entre los compromisos formales del Estado y las situaciones diarias de los territorios.

Ese conflicto está presente en su trabajo en FARN. Fomenta la incidencia pública, pero también promueve el monitoreo, los litigios estratégicos y los reportes técnicos. Su defensa del Acuerdo de Escazú —un pacto regional que tiene como objetivo asegurar la participación ciudadana, el acceso a la información y la protección de defensores del medio ambiente— fue fundamental cuando Argentina estaba deliberando sobre su ratificación. “Escazú garantiza el cumplimiento de los derechos ya existentes, no crea nuevos. En una entrevista con La Nación, afirmó que es una herramienta democrática.

Un ambientalismo que observa las regiones

El trabajo de Di Pangracio se basa en una premisa sencilla: escuchar a las personas que residen en las áreas afectadas, en contraste con otros métodos más técnicos. En 2022, luego de visitar comunidades del norte de la nación afectadas por la deforestación, alertó que el Gran Chaco “es en realidad una emergencia socioambiental”. Y añadió: “Cuando se derrumba un bosque, también se destruye una forma de vida. “No podemos ignorar la situación”.

Ese punto de vista territorial la condujo a participar en discusiones muy complejas, como el progreso del litio en la zona andina. Subraya la importancia de asegurar transparencia, consulta previa y un empleo responsable del agua, sin oponerse al desarrollo productivo.

En una conferencia de FARN, subrayó: “La transición energética no debe replicar las injusticias del pasado. Si sustituimos los combustibles fósiles por extractivismos que no están regulados, no se produce una transición: simplemente se reemplazan unos problemas por otros.

La agenda climática en calidad de agenda democrática

Su labor también interactúa con el contexto mundial. Di Pangracio argumenta que el cambio climático no es simplemente un fenómeno medioambiental, sino también una cuestión de índole política, económica y cultural, en vista del incremento de sucesos climáticos extremos. En un panel de la ONU en 2024, afirmó: “Es necesario que las políticas públicas reconozcan que los más perjudicados son aquellos que tienen menos responsabilidad en la crisis climática”.

Parte de su acción se orienta a instalar esa idea en el debate local. En cada informe de FARN, aparecen datos que vinculan pobreza, degradación ambiental y vulnerabilidad climática. Para ella, la justicia ambiental es inseparable de la justicia social. “No existe la lucha ambiental sin la lucha por la igualdad”, afirmó en una entrevista con Radionauta.

Una referencia que incomoda y moviliza

La firmeza de su posición la volvió una figura respetada, pero también incómoda para sectores empresariales o políticos que buscan flexibilizar controles ambientales. Di Pangracio no esquiva el conflicto. Por el contrario, sostiene que el rol del ambientalismo es “hacer visibles los impactos que muchas veces se intentan ocultar”.

Su presencia en medios, foros y audiencias públicas ayuda a traducir discusiones técnicas en lenguaje ciudadano. Lejos del tono alarmista, su modo es pedagógico: explicar qué está en juego, por qué importa y cómo se conecta con la vida diaria de cualquiera.

Un liderazgo que se construye desde el compromiso

Hoy, Ana Di Pangracio encarna una forma de liderazgo ambiental que combina conocimiento jurídico, trabajo territorial y capacidad de incidencia mediática. Pero si se le pide una definición personal, responde siempre igual: “Soy parte de un movimiento mucho más grande que yo. Lo importante es que la defensa del ambiente sea una causa colectiva”.

En tiempos de crisis climática y tensiones extractivas, esa convicción se vuelve más necesaria que nunca.

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