Los orígenes de Greenpeace: líder mundial en activismo ambiental

En 1971, un pequeño grupo de defensores del medioambiente decidió subirse a un viejo barco pesquero desde Vancouver con destino a Amchitka, en Alaska. Su objetivo era frenar las pruebas nucleares del ejército estadounidense en esa región. Ese viaje es considerado como la piedra angular de la organización ecologista Greenpeace.

El nombre que hoy enarbola cientos de causas ambientales en todo el planeta surgió de la unión de dos causas inseparables: la paz y la protección del planeta. Lo que intentaba aquel primer grupo de activistas terminó marcando el camino para los cientos de miles que han pasado y son parte del movimiento global de resistencia no violenta frente a los mayores riesgos ambientales de la humanidad.

De este modo, lo que empezó como una pequeña protesta se convirtió en una organización que hoy tiene presencia ¡en más de 50 países! Pero tal vez la mayor virtud de este grupo tenga que ver con la capacidad de sostenerse sin aportes de gobiernos, empresas ni partidos políticos, lo que les permite ser independientes y mantener su credibilidad. 

A lo largo de las décadas, Greenpeace mantuvo un principio inquebrantable: actuar directamente frente a las amenazas ambientales y visibilizar los daños que ponen en riesgo la vida de las personas y de los ecosistemas. Desde aquel pequeño barco reciclado, la idea estuvo clara: desafiar al poder con medios humildes pero creativos. Desde entonces, el mar se convirtió en escenario central de sus acciones, y los barcos de Greenpeace, como el Rainbow Warrior, el Esperanza o el Arctic Sunrise, se han convertido en íconos de la defensa ambiental.

Los logros históricos de Greenpeace

En sus más de cinco décadas de existencia, Greenpeace protagonizó campañas que cambiaron la historia ambiental del mundo. Una de las primeras victorias fue la presión internacional para terminar con las pruebas nucleares, una amenaza directa para las comunidades de las islas cercanas que estaban expuestas a la radiación. 

La organización también fue pionera en alertar sobre los riesgos ambientales de la caza industrial de ballenas. Las imágenes de sus activistas interponiéndose entre los arpones y los animales a bordo de sus pequeñas lanchas lograron captar la atención global y cambiar la percepción de las personas sobre la explotación de la vida marina. De hecho, estas acciones permitieron llegar a una moratoria para la industria ballenera que salvó a varias especies de la extinción.

Otro enorme hito fue la campaña para proteger la Antártida. A principios de los noventa, Greenpeace instaló allí una base científica para demostrar que era posible habitar y estudiar el continente sin destruirlo. Ese esfuerzo derivó en el Tratado Antártico de 1991, que prohíbe la explotación minera y preserva este ecosistema único como patrimonio común de la humanidad.

Los logros del activismo ambiental en Argentina

En territorio argentino, Greenpeace está presente desde 1987 y sus campañas han dejado huella en la legislación ambiental del país. Uno de sus mayores logros fue la aprobación de la Ley de Bosques, alcanzada después de años de movilización junto a las comunidades indígenas, y diversas organizaciones sociales y de científicos. 

Otra de sus grandes victorias fueron los frenos impuestos a los proyectos de explotación petrolera en áreas protegidas, como el Parque Nacional Calilegua y al intento de instalar un basurero nuclear en Chubut. Por otro lado, la organización impulsó la Ley de Preservación de Glaciares y Ambiente Periglacial, que protege reservas estratégicas de agua dulce en la cordillera de los Andes. 

Además, se opuso a la instalación de salmoneras en Tierra del Fuego, y en 2021 logró que esa provincia se convirtiera en la primera del mundo en prohibir la cría industrial de salmones, una actividad que contamina los ecosistemas marinos de forma preocupante, como ha quedado demostrado en varias regiones de Chile.

Además, Greenpeace lideró campañas contra la pesca intensiva en el Mar Argentino, denunciando a las flotas extranjeras que destruyen los recursos marinos. Mientras que en la actualidad, la organización sigue luchando para que se sancione una Ley de Humedales que garantice la protección de estos ecosistemas clave frente a los incendios intencionales provocados por la industria agropecuaria.

Cambio climático: el enemigo más reciente

Hoy en día, el cambio climático es la mayor amenaza que enfrenta el planeta, por lo que ocupa un lugar de privilegio en la agenda ambiental de Greenpeace. La organización impulsa la transición energética hacia fuentes renovables, el abandono progresivo de los combustibles fósiles y la promoción de una agricultura sustentable. 

En Argentina, por ejemplo, combatió proyectos petroleros offshore y denunció la expansión de la ganadería intensiva que arrasa con los bosques del Gran Chaco. Ante este panorama, el rol de Greenpeace es doble: denunciar los daños ambientales y al mismo tiempo proponer soluciones para una crisis climática no reconoce fronteras. De esta forma, la organización ambiental se mantiene vigente al frente de los movimientos ambientales del planeta.

Contactate con Ecoactivismo

Envianos tus comentarios y consultas