La importancia de la capa de ozono para proteger la vida en el planeta

Cada 16 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono. Esta fecha busca poner en el centro de la escena la importancia de la cooperación científica y los acuerdos globales para proteger este escudo atmosférico. Si la capa de ozono no estuviera presenta, dejaría de filtrar la radiación ultravioleta emitida por el sol y tanto la salud de los seres vivos como la de los ecosistemas se verían gravemente comprometidas.
Durante esta jornada, también se busca recordar cómo cuando los gobiernos, la comunidad científica y los miembros de organizaciones ambientalistas como Greenpeace trabajan juntos, es posible hacer frente a los desafíos ambientales y obtener resultados positivos para toda la humanidad.
Además, la conmemoración sirve para que la población mundial no se relaje y recuerde que, aún hoy, la capa de ozono continúa en proceso de recuperación. Por lo que cualquier tipo de relajamiento en el cumplimiento de los acuerdos mundiales podría comprometer décadas de progreso y generar grandes riesgos ecológicos y de salud.
La historia de la protección de la capa de ozono
La recuperación de la capa de ozono comenzó cuando los científicos se dieron cuenta de que había cierto tipo de sustancias químicas que la deterioraban. Entre ellos, los clorofluorocarbonos (CFC), los hidroclorofluorocarbonos (HCFC) y los halones. Para evitar que continuara el daño, los líderes mundiales se reunieron en Austria, en 1985, y firmaron el Convenio de Viena, una regulación internacional que sentó las bases del monitoreo, la investigación y la acción preventiva.
Dos años más tarde, el Protocolo de Montreal estableció un plan concreto para eliminar de forma progresiva los compuestos dañinos, incluyendo además plazos claros en los que debían erradicarse. Gracias a estos instrumentos legales y a la acción coordinada de todo el planeta se marcó un hito en la historia de la conservación ambiental.
En consecuencia, productos cotidianos como refrigeradores, aerosoles y aires acondicionados cuentan ahora con regulaciones que reducen estas sustancias nocivas. Así, no solo se previno un daño mayor a la capa de ozono, sino que también se sentó un precedente de cómo se puede enfrentar un problema ambiental mediante la cooperación internacional.

Resultados a la vista de todos
En la actualidad, nadie duda de que estas políticas tuvieron resultados satisfactorios. De acuerdo con estudios recientes, como las simulaciones realizadas por expertos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), demuestran que la capa de ozono sobre la Antártida muestra una recuperación constante.
Esta reparación está estrechamente relacionada con la reducción global de CFC y de los compuestos similares. Tal es así, que la NASA estima que podría ¡regenerarse por completo para el año 2066! Una muestra más de la efectividad de las acciones mundiales coordinadas, con impactos directos tanto en la salud humana (reduciendo los riesgos de cáncer de piel y daños oculares), como en los ecosistemas (frenando la alteración de ciclos biológicos de plantas y animales).
Sin embargo, los expertos advierten que no hay que bajar la guardia. Si se volvieran a utilizar sustitutos químicos no regulados, la recuperación de la capa de ozono se vería comprometida. Por eso es necesario que la ciencia y la política sigan trabajando juntas para conservar este escudo protector del planeta.
Un ejemplo a seguir para combatir otras problemáticas ambientales
La experiencia con la capa de ozono debería servir de ejemplo sobre cómo actuar ante otros desafíos ambientales. La cooperación internacional, la aplicación estricta de acuerdos y la investigación científica pueden resolver otros problemas complejos: como la crisis del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación plástica.

Pero la historia del Protocolo de Montreal y del Convenio de Viena son muestras de que los avances ambientales dependen de la acción preventiva y coordinada de los líderes mundiales. Por este motivo, la recuperación de la capa de ozono no es solo un logro científico: también es un símbolo de esperanza.






