Conciencia ecológica para una mejor calidad de vida

La alta densidad demográfica hace que el suelo se utilice más allá del mantenimiento de su estado natural. Tapizar la tierra con cemento en grandes extensiones de superficie, los desmontes y terraplenes con niveles más altos que la cota de drenaje del lugar, impide que las aguas pluviales se sigan desplazando por los zanjones hacia zonas más bajas, se altera la topología del terreno, los barrios quedan cercados, se inundan y se agrava así la situación habitacional de numerosos hogares, que tampoco disponen de desagües pluviales subterráneos.

Se verifica un alto grado de hacimiento por cuarto en las villas de emergencia, y un rápido deterioro de las zonas periurbanas que soportan un crecimiento habitacional sin planificación y control. Se organizan asentamientos en espacios alejados de los centros urbanos con cota bajo nivel y sin servicios, lo cual agudiza los problemas planteados, gran parte de la ribera del Río Matanza y las márgenes de sus arroyos afluentes se encuentran poblados, son zonas pertenecientes a las localidades de Gregorio de Laferrère, González Catán y Virrey del Pino; son suelos bajos con inundaciones periódicas que se agudizan cuando se produce la sudestada, ya que el crecimiento del nivel de las aguas del Río de la Plata hace crecer la altura de la Cuenca Matanza Riachuelo. Cuando se producen las inundaciones, las escuelas y otras instituciones se convierten en centros de evacuados y de distribución de colchones, mantas, medicamentos y alimentos.

Estas condiciones habitacionales, la alimentación deficiente y la falta de prevención sanitaria influyen notoriamente en el incremento de las probabilidades de muerte en estas localidades del conurbano bonaerense. Prueba de lo que decimos es la siguiente estadística: en el Gran Buenos Aires la probabilidad de muerte es del 30,9 por mil y en la Capital Federal del 18 por mil. La tasa de mortalidad infantil en la región de La Matanza, es de 30,2 por mil a pesar de la alta tasa de nacimientos vivos. El humo, la humedad, los vientos, el frío en estas zonas más desprotegidas hacen aumentar las enfermedades infecciosas respiratorias; las construcciones precarias, los basurales, la contaminación de las aguas incrementan los organismos patógenos e insectos transmisores, lo que hace extender diversas pandemias como el mal de Chagas Maza.

La necesidad de desarrollar la conciencia ecológica y conductas que propicien y sostengan soluciones políticas a los problemas ambientales, obligando a que se asuman las responsabilidades pertinentes en los diferentes niveles de decisión, se pone enérgicamente de manifiesto, cuando se estudian los problemas ecológicos de la región de La Matanza. El cuestionamiento que hemos hecho a la centralidad de los valores utilitarios económicos se agudiza al analizar los problemas de la región. Esa centralidad ha originado el crecimiento económico desigual de nuestro país y sus efectos conducentes, como es la explosión demográfica en la región que estamos tratando.

Las viviendas precarias, la carencia de servicios básicos, la ocupación de llanuras de inundación, la escasez de agua potable, la contaminación de las aguas superficiales y subterráneas, el incremento de las enfermedades y de la mortalidad, la pérdida del paisaje natural, el deterioro de la calidad de vida, etc. son fenómenos que se observan al explorar el ambiente de La Matanza, y son una demostración más de la crisis ambiental que señalamos. Nuestra definición del ambiente como el entorno natural sociocultural de las personas nos permite, en síntesis, caracterizar esta crisis ambiental en esas dimensiones que interaccionan entre sí.

En la composición natural del ambiente, los principales fenómenos críticos son: la extensión de la erosión y la desertización y la degradación de la composición húmica del suelo; la contaminación de mares, océanos, aguas de escorrentía, napas subterráneas y la escasez creciente de agua dulce y potable; la alteración de los ciclos hídricos de los regímenes de precipitaciones; la polución atmosférica y los cambios en la composición gaseosa del aire; el aumento de las lluvias ácidas; del efecto de invernadero y de las temperaturas medias; el incremento del ritmo de desforestación; el decrecimiento de la productividad primaria y de la biomasa; la extinción de especies y el empobrecimiento de la biodiversidad; el agotamiento de recursos naturales no renovables, la mayor densidad de radiaciones perjudiciales; los desequilibrios en el funcionamiento de las cadenas y redes tróficas, de los circuitos biogeoquímicos y en la homeostasia de los ecosistemas.

Entre los fenómenos socioculturales del ambiente que emergen como problemas agudos y trascendentes destacamos: la explosión demográfica urbana; la exclusión laboral; el aumento de la distribución desigual de alimento, abrigo y energía entre países, regiones y sectores sociales; el consumismo y la extrema pobreza; la precariedad habitacional y de servicios; las deficiencias en la atención de la salud y en el desarrollo de la educación general y ecológica; el incremento del consumo de drogas y la violencia familiar y social; el aumento, en algunas regiones, de la mortalidad infantil y de los casos de menores en situación de riesgo; tendencias crecientes a uniformar usos y costumbres y a debilitar las culturas nacionales y locales.

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