¿Cómo están relacionadas las inundaciones y la protección de nuestros glaciares en el cambio climático?


Actualmente, tanto la frecuencia como la gravedad de las inundaciones y otros fenómenos extremos vienen aumento. ¿La razón detrás de esto? La consecuencia de la crisis climática, que es principalmente provocada por la actividad humana que explota los recursos.
Esto provoca la destrucción de ecosistemas naturales que son más que vitales. En este escenario, con más de 14 años desde la implementación de la Ley Nacional de Glaciares y siendo el año en el que se protege a los glaciares, no se pueden poner en riesgo las defensas naturales que son importantes para reducir los efectos del calentamiento global. Por este motivo, lo principal es que en este momento se garantice su protección.
En Buenos Aires, el 7 de marzo de 2025, las graves precipitaciones de lluvias en solo 3 horas tuvo un impacto y graves consecuencias en Bahía Blanca. Fue un día de lluvias muy intensas. Hasta ahora, hay un total de 16 personas que perdieron la vida, 115 que están desaparecidas, hubo daños importantes en la ciudad y la paralización de actividades.
Este no es un caso aislado en cuanto a los fenómenos climáticos relacionados con el cambio climático. En la Argentina, durante los primeros meses de 2025, se registraron olas de calor en 14 provincias, incendios en los bosques de la Patagonia y en las áreas de pastizales de Mesopotamia. Por otro lado, se produjeron tormentas de granizo en la costa atlántica.
A nivel mundial, el año 2024 se convirtió en el más cálido jamás registrado. Además, fue el primer año en que el aumento de la temperatura global superó el límite establecido por el Acuerdo de París. Sin embargo, según los reportes, desde 1960, las olas de calor fueron en aumento, las cuales afectaron especialmente a personas mayores y niños.
En el informe más reciente de la Organización Meteorológica Mundial (OMM, por sus siglas en inglés), se concluyó que la crisis climática incrementó la severidad de casi el total de fenómenos meteorológicos estudiados por Atribución meteorológica mundial (WWA): provocaron al menos 3.700 muertes y el desplazamiento de millones de personas.
Ante esta emergencia climática que estamos viviendo, es muy urgente tomar medidas para reducir sus efectos. Sin embargo, muchos se preguntan cómo realizarlo.
Ecosistemas saludables
El caso es claro. Un mayor nivel de deforestación, un aumento en el derretimiento de los glaciares y una mayor pérdida de humedales llevan a un incremento en las inundaciones. Estos fenómenos amenazan la vida de las personas, sus hogares y sus medios de subsistencia.
Las consecuencias en la salud derivadas incluyen ahogamientos, lesiones corporales, enfermedades transmitidas por insectos y roedores, así como problemas de salud mental a corto y largo plazo.
Este es un ejemplo de por qué es esencial tener ecosistemas saludables. Si se encuentra equilibrado, funciona como un regulador natural que ayuda a reducir estos eventos.
Contar con un suelo saludable, en conjunto con un ecosistema que apoye esta absorción, es esencial para evitar inundaciones y mejorar la capacidad de retención del suelo.
Un claro ejemplo se encuentra en varias zonas de Argentina, especialmente en la región Pampeana. Allí, los monocultivos hacen que el suelo pierda su capacidad de absorber agua, haciendo que el agua se deslice de un lugar a otro. Esto puede tener un efecto en áreas más bajas que reciben toda esa corriente desde kilómetros de distancia, ya que antes el agua se retenía en terrenos no urbanizados por el suelo y era absorbida por vegetación que ya no está presente.
La actividad humana está causando la degradación del medio ambiente y la reducción de la biodiversidad, lo que resulta en una pérdida de la capacidad de los ecosistemas para mitigar desastres. Por lo tanto, es fundamental hacer cambios para que sus efectos sean evidentes en estas consecuencias.
¿Cómo afecta el riesgo para nuestros glaciares a la probabilidad de inundaciones?
El hielo ártico se está derritiendo en las frías aguas de Svalbard. En el año 2025, enfrentamos el reto de prevenir la extinción masiva de los glaciares, que son los hielos permanentes que cubren la superficie terrestre. Por esta razón, aprobado por las Naciones Unidas y la Organización Meteorológica Mundial, el 21 de marzo se celebra el Día Mundial de los Glaciares.
Es importante mencionar que mantienen la temperatura del planeta en equilibrio. Por ejemplo, en la Cordillera de los Andes, sus montañas y ecosistemas retienen a grandes alturas las masas de aire húmedo que vienen del océano Pacífico. Luego, esos vientos se convierten en secos y fríos al llegar a nuestro país, reduciendo así los efectos del aumento de temperatura causado por el calentamiento global.
Son como un verdadero escudo que protege a nuestra nación de los cambios climáticos externos. Sin embargo, si se derriten, generan inundaciones mediante diversos factores:
Además, la rápida fusión de los glaciares aumenta la cantidad de agua que se mueve hacia los ríos, sobre todo en las épocas de derretimiento de la nieve que llegan antes.
Por otro lado, cuando los glaciares se retiran, pueden formarse lagos en los espacios que deja el hielo. Si las estructuras que contienen estos lagos fallan, existe el riesgo de que se desborden de forma repentina, por lo que causan inundaciones en las áreas cercanas. Además, representan un serio peligro y pueden resultar en una gran pérdida de vidas.
Por último, el retroceso de los glaciares puede hacer que las laderas de las montañas se vuelvan inestables, lo que aumenta la posibilidad de que ocurran deslizamientos de tierra.