Las nuevas enfermedades ambientales

La salud humana. La enfermedad es un desequilibrio

Las enfermedades son consecuencia de un desequilibrio en el organismo. Cuando una persona se deprime mucho, su sistema inmunológico se debilita y se abren las puertas para la entrada de enfermedades. Si alguien considera que su vida no tiene sentido o padece un trauma, y comienza a provocarse un daño ya sea a través del tabaco, el alcohol, las drogas o el consumo excesivo de alimentos, en poco tiempo su declinación será terreno fértil para el surgimiento de una enfermedad grave. Y cuando se ingieren productos que contienen tóxicos como los usados en el campo, o los que derivan de haber inyectado sustancias químicas en los animales para incrementar o apurar su crecimiento o que han sido genéticamente modificados, la acumulación de tales factores tiene sus efectos y deriva en enfermedades. Los ejemplos son cada vez más numerosos en cuanto a que, sin perjuicio de las razones inmediatas, hay, en el fondo, un desequilibrio en el sistema humano que pone en evidencia una desarticulación entre el cuerpo y la mente.

La compleja interrelación entre las funciones orgánicas, las cognitivas y las emociones requiere un balance entre las fuerzas que se aproxime al equilibrio, algo que desde antiguo se conoce en medicina con la denominación de homeostasis, vocablo derivado del griego que significa “similitud” y “estado” o “estabilidad”. El término fue instalado por el fisiólogo estadounidense Walter Cannon un siglo atrás, para dar una definición de funcionamiento al antes llamado “medio interno” por el biólogo francés Claude Bernard. El conocimiento científico evolucionó al incorporar la interrelación que existe entre el funcionamiento orgánico, el mental y el emocional. La forma en que lo orgánico y lo psíquico se interrelacionan es bidireccional y dinámica, de modo que el estado de homeostasis es, por naturaleza, transitorio y frágil. Aunque las enfermedades orgánicas se manifiesten de manera localizada en un órgano o sistema, pueden impactar sistémicamente en todo el organismo. Las infecciones, las afecciones cardiovasculares y enfermedades como el cáncer provocan la liberación en el torrente sanguíneo y los tejidos de sustancias llamadas citoquinas, que son mediadores de inflamación, es decir, inician y regulan las reacciones inflamatorias. La inflamación diseminada afecta y altera el estado de equilibrio homeostático, incluso del sistema nervioso central y el cerebro, promoviendo y acentuando cuadros de depresión, ansiedad y otros trastornos.

De manera inversa, ciertas condiciones de la salud mental pueden asociarse con cambios de conducta y pérdida de hábitos saludables tales como la alimentación adecuada y la actividad física, conduciendo a alteraciones en el metabolismo de las grasas y los azúcares, y creando un estado favorable para la inflamación. Entonces, en este camino reverso, las citoquinas afectan la capacidad de respuesta de tejidos y órganos haciéndolos más vulnerables no solo a las infecciones, sino también a afecciones no transmisibles muy frecuentes como el cáncer y las cardiovasculares.

Lo que interesa resaltar de todo esto es el enfoque sistémico de la enfermedad y sus analogías con el funcionamiento de la naturaleza.

Todos los organismos vivos, desde la humilde ameba hasta el ser humano, nacen con dispositivos diseñados para resolver automáticamente los problemas básicos de la vida, sin que se requiera una decisión racional y consciente51. Dichos problemas son encontrar fuentes de energía, mantener un equilibrio químico del interior compatible con el proceso vital, conservar la estructura del organismo mediante la reparación del desgaste natural y detener los agentes externos de enfermedad y daño físico. Homeostasis es el término apropiado para el conjunto de regulaciones y el estado resultante de vida regulada. Consiste en tener partes de reacciones más sencillas incorporadas como componentes de otras más elaboradas, un anidamiento de lo simple dentro de lo complejo. El organismo vivo se construye de manera que mantenga la coherencia de sus estructuras y funciones frente a las numerosas circunstancias que amenazan la vida. El sistema inmune está capacitado para detener virus, bacterias, parásitos y moléculas de sustancias químicas. Y, cuando existe un desequilibrio, esa barrera cae y el ataque comienza a producir resultados perjudiciales.

Enfermedades ambientales

La crisis ambiental tiene una influencia clara sobre las enfermedades humanas.

Según un informe de la Organización Mundial de la Salud, un porcentaje alto de la carga de condiciones cardiovasculares, el cáncer, los traumatismos y otros está asociado a los entornos ambientales. Esta proporción, atribuible a las condiciones del ambiente, son especialmente relevantes en los países pobres y en desarrollo. En especial, el cambio climático ha motivado numerosos estudios que son contundentes. Por ejemplo:

·Las olas de calor o de frío muy intensas, las inundaciones, los tornados y los incendios han producido enfermedades y muertes en muchos países.

·La contaminación del aire produce enfermedades respiratorias. En grandes ciudades se soporta cada vez menos la polución, y se percibe el incremento de dolencias pulmonares y alergias de todo tipo. En las poblaciones pequeñas, cercanas a los campos de explotación agraria, hay problemas con los tóxicos que se arrojan y su efecto.

· El ruido constante en núcleos urbanos de gran circulación disminuye o neutraliza la capacidad auditiva.

·Los entornos de radiación centrales eléctricas, nucleares, equipamiento tecnológico de alta intensidad, y otros de baja, pero de permanente radiación, como computadoras y celulares tienen sus efectos perniciosos.

· La ausencia o baja calidad de agua consumible produce dolencias de todo tipo. En muchas ciudades y pueblos el agua está contaminada, o los procesos técnicos que la involucran no son buenos y ello afecta la salud. En otros, directamente no hay, o es un recurso sometido a estrés por el uso excesivo y la escasez en el suministro.

Los cambios climáticos producen migraciones de insectos que trasladan enfermedades. Las temperaturas más altas o las lluvias constantes pueden aumentar su cantidad e incrementar su longevidad. La deforestación favorece el desplazamiento de los insectos a zonas habitadas por el hombre. La transmisión del paludismo está claramente influenciada por el clima, ya que no ocurre donde el mosquito no puede sobrevivir. En los últimos años se han observado cambios entomológicos en relación con la aparición de adaptaciones biológicas del mosquito a situaciones inhabituales, como supervivencia a mayores alturas (superiores a 2600 m) y a menores temperaturas (hasta 8°C). La expansión del área de distribución del dengue está favorecida por el aumento de la humedad y la temperatura, así como de las lluvias, generados por el cambio climático. El calentamiento mundial influye en la aparición de esta enfermedad tanto por el aumento de las temperaturas y precipitaciones como por los fenómenos de deforestación, como en Tartagal, donde el desmoronamiento producido por las lluvias en regiones deforestadas empeoró la condición epidemiológica. Todo ello favoreció la aparición de enfermedades infecciosas. Por ese motivo se han desarrollado distintos modelos epidemiológicos predictivos teóricos, con el objetivo de determinar el grado de sensibilidad de las distintas enfermedades a las variaciones climáticas y su relación con los brotes infecciosos para poder así implementar medidas preventivas.

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