La producción industrial, la explotación de los recursos naturales 

La producción industrial, la explotación de los recursos naturales y el fin de lucro se van convirtiendo en la única vía de bienestar, potenciado hoy por la eficacia con que la tercera revolución industrial y la moderna tecnología aceleran la producción de bienes, en orden a responder a expectativas crecientes que se originan en la presión de una publicidad que el propio modelo genera. Es un modelo productivo consumista para la ganancia máxima que da a luz un nivel técnico, de la productividad del trabajo y de la producción de riquezas inédito. Asimismo, se verifica la más alta concentración, históricamente conocida del capital, el conocimiento y el poder, al mismo tiempo que se extiende la desocupación estructural, la miseria y el deterioro del ambiente.

La falta de previsión se debe, en parte, a las dificultades ciertas que el proceso ofrece y a intereses de grandes grupos empresarios que limitan las inversiones para la investigación, traban la implementación de medidas preventivas, condicionan la conducta de los gobernantes y no desarrollan líneas de investigación que coadyuven a la preservación y construcción de un ambiente más rico, variado, bello y saludable. Asimismo, se debe destacar, particularmente en nuestro país, la indiferencia o escasa participación de los damnificados, y de las organizaciones políticas.

Organismos internacionales, así como algunos estados, han comenzado a preocuparse y a accionar en pos de soluciones, pero se comienza a advertir que estamos ante un problema complejo de carácter político, socioeconómico y técnico científico, de posible resolución solo a largo plazo.

Por otro lado, tipificada la sociedad moderna como sociedad industrial y en consecuencia como una sociedad racional funcionalmente organizada, se deduce que tiene mayores posibilidades de previsión, si consideramos la previsión como una operación genuina de la razón. Se trataría de ubicar el conocimiento científico en un contexto de respeto y gozo hacia la belleza y armonía del ambiente, actuar sobre él con afecto y creatividad, de manera inteligente y prudente. Con líneas de investigación que permitan no andar a ciegas, aprendiendo a prever los efectos crecientes y futuros de la gestión técnica. Así como es imposible concebir a la persona aislada de su ambiente, es incomprensible imaginar la salud personal y la serenidad interior con desafecto e indiferencia por ese mismo ambiente. Vivimos en una sociedad de alta complejidad tratado por diversos autores que plantean la necesidad de un “humanismo económico”. Las ciencias y las técnicas son buenas en tanto son medios sometidos a la bondad del fin propuesto, para lo cual la reflexión sobre valores éticos como bien, modestia, justicia, solidaridad y prudencia puede ser significativa, se trata de cambiar los contenidos y el sentido del Ethos económico dominante.

La necesidad de este cambio se hace evidente al analizar la crisis ambiental, ya que, en el origen de cada problema ecológico, nos encontramos con falta de conciencia y predominio de intereses económicos inmediatos y sectoriales sobre intereses económicos y ambientales futuros y más generales. A un aprovechamiento racional y respetuoso de los tiempos de renovación natural, se opone en la gran mayoría de los casos una explotación irracional de selvas, bosques y suelos, lo que origina problemas graves que ya hemos descripto: deforestación, desertificación, extinción de especies, etc.: El valor económico de aprovechamiento racional es desplazado por el desvalor de explotación irracional. La contaminación de las aguas tiene dos fuentes principales: los efluentes industriales y los domiciliarios. En el primer caso se antepone la ganancia a la preservación y en el segundo caso se privilegia una injusta distribución del ingreso que incrementa la precariedad habitacional y de servicios. El valor de un rédito correcto es desplazado por el desvalor de la máxima ganancia, que se convierte en un fin en si mismo. Lo mismo sucede con la polución atmosférica que se origina en emanaciones de industrias, transportes, servicios, basurales a cielo abierto, etc.

La caza y la pesca comercial generalmente está asociada a conductas predadoras, que causan el debilitamiento o la extinción de numerosas especies, que atentan así, contra valores éticos, estéticos y vitales relacionados con la protección de la biodiversidad. El alto crecimiento vegetativo, que se da especialmente en países con menor desarrollo y mayor pobreza, se intenta controlar desde algunos centros del poder o del pensamiento político con métodos acidas, la instrumentación del aborto masivo, etc., lo que afecta el aprecio por la vida y en consecuencia valores éticos y trascendentes.

El necesario vale utilitario del consumo, indispensable para promover los aspectos materiales de la calidad de vida de las personas es reemplazado por una cultura consumista, estimulada por disvalores económicos que ubican lo económico como un fin en si mismo, al perseguir la máxima producción, venta y ganancia sin importar los costos naturales, humanos y espirituales. Los disvalores citados, se originan principalmente en el insuficiente desarrollo de la educación y la conciencia ecológica de los responsables y damnificados por los desastres ambientales. Existe una falencia evidente, que surge de la investigación documental y de campo, de valores superiores vitales estéticos, éticos y trascendentes. La educación y el autorreflexión crítico sobre estos valores, es una vía importante para contribuir al crecimiento de la conciencia y la responsabilidad ecológica.

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