Aún sin acuerdo, la lucha de por un Tratado Global de Plásticos sigue viva

En Ginebra, durante dos semanas de negociaciones intensas, los países no lograron ponerse de acuerdo. La oportunidad de aprobar un tratado que enfrentara de manera real la contaminación por plásticos se perdió. La sensación entre activistas y representantes de la sociedad civil fue de frustración: una vez más, los intereses de la industria petroquímica pesaron más que la urgencia ambiental.
“No conseguimos un tratado que realmente limite la producción de plásticos. Lo que salió favorece a las empresas que han buscado debilitar todo el proceso”, dijo Laura Caicedo, coordinadora de campañas de Greenpeace Colombia. Según explicó, un tratado débil podría incluso ir en contra de leyes nacionales existentes sobre plásticos de un solo uso.

La voz de América Latina
Colombia y otros países de la región se mostraron claros: mientras no se reduzca la producción de plásticos, las desigualdades y los riesgos sanitarios se profundizan. No se trata solo de economía; hay ciencia detrás y hay vidas en juego. La contaminación por plásticos afecta a comunidades enteras y también a ecosistemas que no pueden esperar.
La reunión dejó la sensación de que se necesita más presión, más coordinación entre los países comprometidos con el medioambiente, y un seguimiento constante de las promesas. La sociedad civil, incluidos grupos como Greenpeace, no planea bajar los brazos.

Hacia un Tratado Global de Plásticos
A pesar del fracaso, el proceso no termina aquí. Los países volverán a reunirse en otra ronda de negociaciones. Desde la organización ambientalista aseguran que insistirán hasta lograr un tratado sólido y jurídicamente vinculante. Que no solo gestione residuos, sino que reduzca de verdad la producción, proteja la salud y frene la contaminación en todas sus etapas.
Caicedo subrayó algo que resonó entre los asistentes: “No se trata de esperar milagros de los gobiernos. Hay que seguir vigilando, presionando y manteniendo la atención pública sobre este tema. Cada retraso significa más plásticos en nuestros ríos, mares y ciudades”.
Por qué cada plástico cuenta
La contaminación por plásticos no es solo una cuestión estética. Se trata de salud, biodiversidad y justicia. Cada botella, cada bolsa, cada envase que no se controla termina en algún ecosistema vulnerable. Y mientras los países discuten tratados, la contaminación continúa acumulándose, con efectos que no se ven de inmediato, pero que se sentirán durante décadas.
Para muchos activistas, esta falta de acuerdo no es el cierre de una puerta, sino un recordatorio de que la presión ciudadana debe crecer. Participar, exigir compromisos reales y mantener la conversación en la agenda pública se vuelve tan vital como cualquier negociación oficial.






