Claudio Bertonatti: el naturalista que dedicó su vida a devolverle voz a la naturaleza argentina

Existen personas que persisten en hablar, a pesar de que parece que nadie escucha, en una nación donde el diálogo sobre el medio ambiente solo suele surgir durante las crisis. Uno de los cuales es Claudio Bertonatti, un naturalista y divulgador que ha sido una figura histórica en la preservación ambiental en Argentina.
Bertonatti es una de esas personalidades que ha cruzado generaciones, ya que ha estado en el mundo académico, en grandes entidades, museos, parques y proyectos de campo que abarcan desde los humedales hasta las selvas misioneras, dedicándose durante más de cuarenta años al estudio de la biodiversidad.
En una entrevista con La Nación, comentó: “La naturaleza no es un decorado; es el soporte de todo lo que hacemos”. Ese pensamiento sintetiza su filosofía laboral, que es una perspectiva compuesta por sensibilidad aguda hacia las áreas que se van extinguiendo ante el progreso de actividades extractivas, divulgación asequible y conocimiento científico.
De coleccionista amateur a referente nacional
Bertonatti empezó como muchos naturalistas: en su niñez, recogía fósiles, miraba aves y formulaba preguntas sobre lo que veía a su alrededor. Su temprano interés lo condujo a la museología, la biología y posteriormente a desempeñar roles importantes en entidades como la Fundación Félix de Azara y la Fundación Vida Silvestre Argentina, que son dos de los centros más relevantes en cuanto a conservación en el país.
Años más tarde, en Perfil recordaría: “Me di cuenta de que no tenía la misión de estudiar la naturaleza para mí, sino para narrarla. Se cuida lo que se conoce. Con ese fundamento, se transformó en uno de los comunicadores más productivos de Argentina: talleres, libros, documentales, guías de campo y cientos de pláticas en comunidades rurales, escuelas y universidades.
Una voz infatigable en épocas de crisis medioambiental
La pérdida rápida de biodiversidad fue una de sus principales preocupaciones y la llevó a Bertonatti a realizar su recorrido. A su juicio, el deterioro del medioambiente no solo se mide en desmonte o incendios; también se nota en algo más sutil, pero igualmente grave: el olvido.
En una conversación con Télam, alertó: “Existen especies que se extinguen sin que nadie lo note. Ese silencio es tan devastador como la tala de árboles.
Para él, la extinción es además una derrota a nivel cultural: una lengua que se pierde, una historia que no puede ser narrada.
Su convicción de que la sociedad tiene que reestablecer el vínculo con el medioambiente lo impulsó a abogar por proyectos de educación ambiental mucho antes de que se convirtieran en políticas públicas. De hecho, advirtió acerca de los peligros de la desconexión urbana: “Si los niños crecen alejados de la naturaleza, luego no van a sentir la necesidad de protegerla”, expresó en Canal Encuentro.
El Ecoparque: una vivencia que definió su liderazgo
Bertonatti fue el director del Ecoparque porteño entre 2016 y 2017. Este proyecto tenía como objetivo convertir el antiguo zoológico de Buenos Aires en un lugar para la conservación, el bienestar de los animales y la educación. Su mandato fue corto, pero impactante: promovió revisiones éticas acerca de la función de los zoológicos contemporáneos, traslados de animales a áreas protegidas, evaluaciones veterinarias y programas de rehabilitación.
En Clarín, clarificó cuál era su perspectiva:
“No podemos mantener animales enjaulados únicamente para nuestro disfrute. “Un zoológico que no enseña ni preserva es un parque temático de otro tiempo”.
Su salida, a pesar de que fue conflictiva, sentó un precedente en lo que respecta al debate acerca del bienestar animal en Argentina.
Un vínculo entre la ciencia y la sociedad
Bertonatti no habla de forma convencional para un académico. Su tono es claro, directo y casi didáctico, lo que le facilita alcanzar tanto a expertos como a individuos que nunca han leído un artículo académico. Convertir información complicada en narraciones comprensibles que movilizan la conciencia es su mayor aporte.
Ese rol se fortaleció con su trabajo en la Fundación Azara. En ese lugar participó en proyectos de investigación relacionados con aves, mamíferos, conservación marina y áreas protegidas. Además, participó en campañas contra el tráfico ilegal de fauna, un problema que estima como “una de las acciones criminales más ocultas del país”.
La protección inmediata de los ecosistemas nativos
Bertonatti se ha convertido en una de las voces más fuertes en favor de los bosques nativos y los pastizales en años recientes. Criticó la expansión inmobiliaria en áreas protegidas, la deforestación en el norte y la desarticulación de regulaciones ambientales esenciales.
Afirmó en declaraciones a La Voz: “Consideramos que Argentina es infinita, pero no lo es. Estamos perdiendo ecosistemas que han estado evolucionando durante miles de años.
Esa perspectiva no es fatalista, sino preventiva. El país tiene un potencial de conservación enorme, según él, pero requiere de una firme determinación política.
Un patrimonio en proceso
Bertonatti continúa viajando por provincias, dictando conferencias, educando guías de naturaleza y escribiendo a los 60 años. Su misión, afirma, es sencilla: “Recordar que somos parte del medio ambiente, no sus propietarios”.
En épocas de colapso ecológico, esa modestia conceptual parece ser un punto de partida ineludible.


