GESTION ECONOMICA Y AMBIENTE: INSUFICIENTE CONCIENCIA ECOLOGICA

El interés económico se vincula al provecho, la utilidad y la ganancia para satisfacer necesidades materiales y espirituales. Las actividades económicas primarias, secundarias y terciarias, aportan productos mercancías con valores de uso y de cambio. Esta gestión económica es propia de los seres humanos, y se basa en sus capacidades psíquicas, cognitivas y técnicas, entendida la técnica como modelos organizativos para la acción personal o grupal en labores de extracción, reproducción o transformación de los componentes naturales de los ecosistemas. Los intereses económicos pueden ser particulares o comunes, inmediatos o mediatos, locales o más universales. Pueden estar en correspondencia con el equilibrio dinámico de los ecosistemas o ser negativos para la estabilidad de los mismos. El desarrollo del lenguaje, de la comunicación con un sentido semiótico más amplio y del conocimiento empírico y científico han permitido alcanzar altos niveles técnicos, asimismo este avance técnico ha incidido en el aumento de las capacidades comunicativas y cognitivas. Esta capacidad de conocer, de proyectar la acción, de crear bienes e instrumentos artificiales, de modificar el ambiente en el contexto de la libertad situada, de la opción y de las facultades valorativas que caracterizan el hacer humano, están indicando la existencia de una misteriosa dimensión subjetiva, que establece diferencias cualitativas profundas con los otros seres que componen los ecosistemas.

La condición humana que resulta de la unidad ecotímicavital, valorativa espiritual y teorético cognitiva genera esa gestión humana diferenciada, que posee otras formas de manifestación en el ritmo y velocidad con que transforma su ambiente y en la posibilidad de elegir uno u otro sentido para su operación en los ecosistemas. Otros seres vivos han producido cambios en el ambiente, como son, una nueva composición gaseosa de la atmósfera, la construcción de las islas de coral, la conformación de la capa húmica, el almacenamiento de exoenergía potencial, etc., pero estas mutaciones transcurren en millones de años, como resultado directo y no querido del determinismo biológico instintivo y adaptativo y sin que incidan en la satisfacción de necesidades materiales inmediatas. Mientras que el hombre produce transformaciones ambientales rápidas, que resultan de un proyecto anticipado por su inteligencia, para satisfacer demandas preconcebidas inmediatas y mediatas, materiales y espirituales. El autor Ortega y Gasset en su obra “Meditación de la técnica” dice: “Mientras todos los demás seres coinciden con sus condiciones objetivas con la naturaleza o circunstancia. el hombre no coincide con ésta, sino que es algo ajeno y distinto de su circunstancia; pero no teniendo más remedio, si quiere ser y estar en ella, que aceptar las condiciones que ésta le impone”.

Asimismo, generalmente las poblaciones animales y vegetales tienen hábitat y nicho ecológico estable dentro de un ecosistema, o en zonas de intercesión de los mismos, con excepción de las especies migrantes, especies que en ningún caso alcanzan la movilidad de las poblaciones humanas y la magnitud indirecta y lejana de estas sobre ecosistemas vecinos o distantes. Estas características señaladas, parecen aumentar en progresión geométrica con el avance de la civilización y el desarrollo científico técnico, productivo y comunicacional, que según A. Bonilla: “Este pasaje de lo local a lo global, provocado por la planificación de la tecnología, los mercados económicos y las comunicaciones, impone un cambio intrínseco de las relaciones del hombre con la naturaleza y con la tierra, un tránsito del parasitismo a la simbiosis”.

Las finalidades del animal y del hombre son distintas. El animal tiene como fin servir a la vida orgánica con simple estar y adaptación a la naturaleza. El fin del hombre es lograr un bienestar histórico social y culturalmente construido en el imaginario colectivo, y que subjetiva cada persona de una manera particular. Esto implica adaptar la naturaleza a la voluntad del sujeto para satisfacer sus demandas materiales y espirituales. Este tipo de finalidad, origina la ilimitada variabilidad de la vida humana y el progreso que en diversos aspectos ha logrado nuestra civilización. Pero, asimismo, esta asombrosa capacidad técnica debe llamarnos a la reflexión, sobre la complejidad de los procesos que se desencadenan, el sentido de los cambios futuros y los valores que deberían guiarlo. La situación que vivimos y hemos contribuido a crear, reclama una visión más universal y mediata que permita enfrentar y resolver los problemas actuales y los peligros ecológicos que nos acechan. En consecuencia, nuestra concepción no plantea renunciar a la técnica y al progreso, sino encontrar los caminos de una redefinición teórica práctica, ya que acordamos con Ortega y Gasset cuando dice: “lo que nadie puede dudar es que desde hace mucho tiempo la técnica se ha insertado entre las condiciones ineludibles de la vida humana de suerte tal que el hombre actual no podría, aunque quisiera, vivir sin ella”.

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