Un concepto muy estrecho de actividad económica y cuidado ambiental

LB unidad en que se suman los bienes y servicios incluidos en el PIB es el dinero. Básicamente se suman todos aquellos que se venden en el mercado o que son financiados por el sector público. Las normas internacionales, sin embargo, establecen algunas excepciones. Por ejemplo, cuando las personas son propietarias de su vivienda se calculan unos alquileres imputados, que estiman lo que tendrían que pagar para alquilar en el mercado una vivienda similar. El objetivo es evitar que cuando aumenta la propiedad de la vivienda disminuya el PIB por este simple hecho. Por otro lado, algunos bienes que no se venden en el mercado, como los alimentos producidos para autoconsumo familiar, sí deberían incluirse en esta contabilidad, aunque en la práctica existen problemas para hacerse con esa información.

En cambio, el trabajo doméstico y de cuidados de personas no remunerado se excluye explícitamente de estos cálculos. El tema no es menor. Incluso en economías en las que cl mercado y el sector público tienen un papel determinante, los trabajos no remunerados de limpiar, cocinar, ir a comprar o cuidar niños, personas mayores y enfermos absorben un número total de horas que suele ser comparable o incluso superior a todo el trabajo que se realiza a cambio de dinero. Dado que este trabajo recae mayoritariamente sobre las mujeres, no es extraño que la denuncia de esta invisibilidad del trabajo doméstico en las cuentas macroeconómicas haya provenido, especialmente, de la economía feminista. Esta exclusión es coherente con la clasificación en las estadísticas de actividad económica que consideran «no activas» a las mujeres que no perciben una remuneración monetaria directa.

La implicación es que, cuando el sector público mercantiliza o financia servicios que antes se realizaban en el ámbito doméstico, la economía crece. Para consumir verduras o carne hay que cocinarlas; cuando se cocinan en casa no se crea valor añadido y ello no se considera producción. pero si cuando se va a un restaurante; el mismo contraste se da si los hijos son cuidados por sus madres o si se contrata un servicio de guardarla Si consideramos el crecimiento económico como indicador de éxito puede resultar que acudir al mercado cuando no se une tiempo para estar con los hijos contribuya a este aparente va detrás del fuerte crecimiento de algunas ecónomas, como la china, hay sin duda un mayor acceso a bienes y socios, pero una parte se explica por el desplazamiento hacia el mercado de servicios antes obtenidos en el ámbito doméstico y comentan sin que mediara el dinero. Existe un paralelismo, en este caso、con los servicios que de forma gratuita ofrece la naturaleza. Por ejemplo, si se puede beber de una fuente sin pagar nada a cambio, ello no comportará ningún registro en el PIB. En cambio, si el agua está contaminada por una concentración excesiva de excrementos de ganado y se ha de sustituir con la compra de agua embotellada, el PIB aumentará.

Bienes y males: una contabilización sesgada

Los bienes y servicios son sumados en el PIB por su valor monetario. Que se pague por ellos o que se gaste dinero público reflejaría su contribución positiva al bienestar o calidad de vida. Sin embargo, esta contabilización no tiene en cuenta que los procesos de producción y consumo generan, muchas veces, presiones ambientales que también afectan a la calidad de vida de los propios consumidores y de otras personas. Se miden los bienes, pero no los «males o asociados. La consecuencia es que el uso del PIB como indicador de éxito económico puede ser profundamente engañoso. El aparente progreso económico puede ir acompañado del desastre ecológico.

Cuando aumentan los problemas y riesgos ambientales a menudo se gasta dinero para hacer frente a la situación. Si se generan más residuos, se gasta más en su gestión; si aumentan las enfermedades respiratorias debidas a la contaminación atmosférica, aumentan los gastos sanitarios, públicos o privados; si se producen vertidos de petróleo en los océanos, se dedican recursos económicos para restaurar las zonas afectadas; si aumenta el nivel del mar por el cambio climático, se tendrán que construir diques de contención… Podrían multiplicarse los ejemplos.

A este tipo de gastos se los ha llamado «defensivos» o «compensatorios». Son, de hecho, costes de otras actividades económicas, pero contribuyen a que el PIB aumente. Si no existiesen sería peor, pero su aumento no siempre indica que la situación haya mejorado con respecto al pasado; puede responder simplemente a la existencia de mayores problemas ambientales.

La cuestión supera el tema ambiental. Por ejemplo, cuando en una sociedad se gasta más y más dinero en seguridad pública o privada porque aumenta la delincuencia, no es una buena noticia que el PIB suba al disponer de más «servicios de seguridad», sino que habría que preocuparse por el incremento de la inseguridad. Cuando se contratan personas para acompañar a niñas y niños a las escuelas por el peligro del tráfico rodado, aumenta el PIB, pero estos gastos no existirían si las ciudades estuviesen diseñadas para las personas en lugar de priorizar a los coches. Un último ejemplo: los gastos de transporte para ir al trabajo aparecen como componentes de la demanda final, cuando en realidad son un gasto imprescindible para que los trabajadores puedan llevar a cabo las actividades económicas que proporcionan otros bienes y servicios. Las fronteras entre lo que son bienes y servicios finales o costes para producirlos responden a convenciones contables, pero muchas veces son discutibles.

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