La regeneración de los suelos

La brevedad del lapso de incorporación de las tierras es tan importante como el modo en que la misma se realizó para comprender los sucesos desatados a partir de fines de la década de los veinte y que culminaron, en pocos años, con la desertización de más de un tercio de la pampa húmeda. En primer lugar, y lo que es más importante para tener en cuenta en el futuro. durante ese lapso se reemplazó por completo la vegetación natural de la pampa. Esta vegetación, dominada por la paja brava y la cortadera, constituían lo que en esa época se dio en llamar «pasto fuerte» y que era generalmente quemado para arar e implantar, primero, las tres cosechas que se le fijaban al colono, y luego la alfalfa y el trébol que, junto a las semillas de cereal pérdidas en el rastrojo, formaban una pastura excepcional para la cría y el engorde de ganado, mientras el colono pasaba a otro campo con «pasto fuerte».
El pasto fuerte era parte de la herencia ambiental de la pampa. Era una formación vegetal muy resistente a las sequías y a las heladas, capaz de sobrevivir (reduciendo su porte) en las condiciones de semidesierto, de prosperar en las de estepa seca, mientras que, en las condiciones de estepa subtropical húmeda, algunas de estas especies crecían tanto que podían ocultar un jinete, eran los famosos «pajonales” que cubrían los bajos y anunciaban el comienzo del «desierto» hasta mediados del siglo pasado. La flexibilidad de esa cubierta vegetal hacía que oscilaciones climáticas como las que hemos conocido históricamente, y aún más profundas, se desarrollaran sin crisis ambiental y que la velocidad de partidización fuera de humidificación. De manera que el reemplazo del «pasto fuerte» por el «pasto dulce». proceso que se denominó «refinación de los campos». creó la fortuna de un país; pero también modificó el carácter de la herencia ambiental. fuertemente condicionante de la velocidad de respuesta del ambiente a la falta de humedad y a las fuertes heladas y, por lo tanto, fue una de las causas de que la relativamente leve oscilación climática de la década de los veinte se manifestara, como crisis ambiental, en los treinta.
Otro de los factores que aumentó la inestabilidad del sistema fue que, a causa de la relativa baratura de estas tierras alejadas, y de que, por la misma causa, las empresas ferroviarias obtuvieron incentivos para compensar los mayores fletes, se produjo una concentración de la agricultura en los bordes oeste y sur de la pampa húmeda, con lo que quedó mucho más expuesta al siniestro ambiental que luego ocurriera. Este cinturón boscoso también formaba parte de la herencia ambiental de la pampa, ya que posiblemente representara el relicto de una invasión del bosque serrano hacia el sur, en la época de máximo humedecimiento de la pampa (hace unos 8.000 a 5.000 años). Se comenzó haciendo rozas (quemazones) para despejar los campos, como se había hecho con los pajonales. A partir de 1914, con la escasez de carbón y de adoquines, los soberbios caldenes cayeron bajo el hacha para convertirse en humo de locomotoras y pavimento de las calles de Buenos Aires.
La crisis climática de los años treinta muestra claramente cómo las modificaciones del hombre sobre el ambiente pueden acentuar hasta límites dramáticos la velocidad de respuesta de éste frente a los cambios climáticos. Pero la posterior «reconquista del desierto» también demuestra que las oscilaciones climáticas son el factor determinante en los cambios ambientales de la pampa, porque el desierto, si bien avanzó mucho y muy rápidamente, duró lo que duraron las sequías, y la agricultura volvió, próspera, hasta los confines de la pampa húmeda, tornando de nuevo a mezclarse los médanos con las lagunas. Existen muchos elementos que parecen indicar que estamos en una época de aumento de las temperaturas medias mundiales. Lo que conocemos del funcionamiento del sistema ambiental pampeano también contribuye (a partir de la progresión de fenómenos observados) a afirmar dicha tesis. Muchos opinan que esa tendencia continuará y se acentuará en los próximos cincuenta años. Son los que afirman que el hombre puede (como resultado no deseado de su actividad) modificar el clima del planeta.
Ellos saben que la tendencia al enfriamiento del planeta ha dominado durante los últimos 40 millones de años y especialmente. el último millón de años. Hasta 1975 casi unánimemente se adscriben al pronóstico de enfriamiento gradual. Por el contrario una adecuada comprensión de dicho funcionamiento nos permitirá aprovechar, en nuestro beneficio, los cambios ambientales espontáneos, sea disminuyendo los perjuicios o capitalizando eficazmente las situaciones ventajosas. Creemos que los argentinos hemos ya confiado demasiado en la fortuna. y ésta ha sido, tal vez, demasiado pródiga. Entonces, quizás sea la hora de releer el capítulo xxv de El príncipe que se titula: «En qué modo la fortuna influye sobre las cosas de este mundo y cómo se la puede resistir» en donde, entre otras cosas. afirma el ilustre florentino: a la casualidad solemos cargar. lo que hemos sido incapaces de prever, los príncipes que cuentan demasiado con la fortuna deben perecer cuando ésta los abandona.



