La estabilidad de los medios geográficos, mitos, prejuicios y paradigmas

Desde los tiempos más remotos, el conocimiento del cielo y sus mudanzas fue la base científica que permitió que se construyeran las primeras civilizaciones que surgieron simultáneamente hace unos 6.000 años. La regularidad de los fenómenos climáticos durante milenios, en las regiones y en las épocas en que surgieron esas civilizaciones, permitieron la previsión, la acumulación y la compleja división del trabajo que posibilita la productividad y la riqueza. Este fenómeno transformó y podríamos decir que recreó al hombre. La ciencia de entonces, la astrología, llevó a los primeros intelectuales, los sacerdotes, a la cúspide del poder, ya que aparecían ante la sociedad como sabedores de los designios del cielo y aun con poderes sobre él. Este enorme prestigio y poder se continuó con las religiones que monopolizaron la actividad intelectual de la humanidad hasta los griegos.

Durante esas épocas se crearon mitos, que era la forma de transmitir y comunicar el conocimiento abstracto. Esos mitos, con la fuerza de los milenios, reaparecen una y otra vez, y pueden rastrearse hasta en el pensamiento más científico y objetivo. Con respecto al clima, el mito de la estabilidad y de la regularidad había arraigado fuertemente en la civilización moderna, y hay muchas razones para ello. Las regiones más densamente pobladas y civilizadas (en sus diversos estadios) del mundo, son asimismo las que durante los últimos 10.000 años han disfrutado de los climas más benignos, estables y regulares, por lo tanto, previsibles. La zona mediterránea, protegida por los montes Atlas y el mar homónimo de la influencia del Sahara. La Europa del norte y centro, abrigada y regada por los Alpes, y entibiada por la corriente del Golfo. Las costas monzónicas del Pacífico y del Indico con sus seis meses de sequía y sus seis meses de abundantes lluvias, que se aprovechan para obtener hasta tres cosechas de arroz por año y eso durante cuatro o cinco mil años. Los valles de los grandes ríos que cruzan desiertos como en Egipto, la Mesopotamia, el valle del Indo (hoy Paquistán), el del Ganges y el del Yangtsé, también fueron hace entre 6.000 y 2.000 años las regiones más densamente pobladas deI planeta, gracias a la regularidad de esas crecidas (que comenzaron hace aproximadamente 8.000 años a favor de un clima mucho más cálido y húmedo que el actual) y que están sincronizadas con los monzones y. por lo tanto permitieron desarrollar una agricultura concentrada y eficiente durante cinco o seis mil años.

Las estepas y desiertos fueron siempre dominio de los nómades, y por eso no tienen historia, ni ciencia ni técnica, en el sentido moderno. Recién en el presente siglo, y luego de muchos fracasos, que se reiteran hasta el día de hoy, se comienza a estudiar estos ambientes de reacciones imprevisibles para una ciencia y una tecnología que tiene un origen y una milenaria maduración en los medios geográficos antes mencionados. Una región de esas características (estepa semidesértica) poblada desde muy antiguo, es la del sur del Sahara. Allí, durante milenios, se forjó y maduró una transición poblacional entre el nomadismo total de los «hombres azules» del desierto, los tuareg, (al norte) y los agricultores semis dentarios de la estepa subtropical seca, cultivadores de sorgo y mijo, (al sur) en el medio, los pastores de «trashumancia irregular» que siguen las oscilaciones climáticas. Estos últimos acompañaban las contracciones y expansiones del desierto, avanzando y retrocediendo en orden, sobre una sociedad primitiva que apreciaba sus productos y que podía suministrarle alimentos a cambio de trabajo, cueros, leche, carne, etc. y sostenerse así hasta que volvieran las lluvias, aun sacrificando la mayor parte de su ganado, el que por añadidura podía mantenerse con los desperdicios de la agricultura. Este equilibrio móvil, ajustado a un ciclo de intensidad y duración imprevisible, fue desarrollado espontáneamente durante milenios y terminó en la década de los cincuenta. con la introducción en las estepas de los cultivos industriales, la harina de trigo importada, y la economía dineraria. Las víctimas de este proceso son los pastores y sus rebaños, que quedan atrapados sobre el desierto en las épocas de sequía y se mueren de hambre junto a sus animales, emigran a las ciudades, o engrosan los diversos grupos armados de la zona. Por eso, cada sequía prolongada en la faja subsahariana es un drama y entonces se comienza a hablar del «deterioro del ambiente», de la «desertificación». y se responsabiliza de ello a esos mismos pastores que, en realidad, son las víctimas de la incorporación de las estepas a la producción para el mercado mundial.

Hoy la civilización ha ocupado e incorporado a la producción para el mercado a todas estas áreas inestables y se las ha abordado con sistemas de explotación y tecnologías generalmente maduradas en medios muy diferentes. Siempre se las incorpora en épocas de avance de la humedad, y los éxitos se atribuyen a la política acertada o a la elección del sistema de explotación adecuado. En cambio, cuando vienen las sequías y las crisis, los reproches son muchos, y se habla del «atraso» en general, como culpable de una supuesta expansión de los desiertos Todavía no se conocen a fondo las causas y los mecanismos de formación del clima y de los cambios climáticos. Sin embargo, esto ha pasado a ser un problema práctico de hoy. Independientemente de la conciencia que se tenga de ello, el requerimiento de un pronóstico sobre las tendencias climáticas a medianos largo plazo se ha vuelto de pronto tanto o más importante que la predicción del tiempo. Tal vez eso no sea posible por el momento. Lo que sí se puede es desentrañar, con un enfoque adecuado, y a través de la historia y la prehistoria, incluyendo al tiempo geológico más reciente, cuáles son las leyes que reglan la dinámica del desarrollo de los medios geográficos en su singularidad. Esto es un problema que nos involucra a los argentinos que contamos con la pampa; es la nueva geografía dinámica, en1 permanente construcción, modificación y destrucción de ambientes y donde el hombre ha pasado a ser un protagonista de importancia, la cual debemos aprender ahora, para que la imprevisión no nos agote en lamentos y esfuerzos vanos, luchando a destiempo contra lo irremediable.

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